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MÁS VOLUMEN EN LA ESPALDA
Si buscáis una rutina de espalda que desarrolle unos dorsales masivos, descubrid los secretos del culturista profesional Bill Wilmore.
Por Lara McGlashan
Fotos: Paul Buceta
La localidad de Hollywood (Florida, EE UU), está ubicada en la costa este a unos 20 kilómetros al norte de Miami (Florida, EE UU). Pese a que presume de poseer las mejores playas y cuerpos de la zona y cuenta con un clima tropical durante 48 semanas al año, Hollywood es un pueblo costero y animado que mantiene un aire digno y sereno, a diferencia de su vecino sureño, más extravagante y exuberante.
Ésta es la ciudad de residencia perfecta para Bill Wilmore, un culturista profesional con una definición muscular envidiable; un físico fruto únicamente de años de trabajo duro y dedicación. Con 1,77 metros de altura y 115 kilos de peso en precompetición (130 fuera de temporada), Bill está en disposición de adoptar una actitud chulesca, pero como la sencilla localidad en la que vive, sigue siendo humilde y afable, en lugar de sucumbir a los encantos de las cámaras y de la pomposidad como otros de la industria. De hecho, esta calma y comportamiento le han permitido tomar las riendas de su carrera. Decidió no participar en varias competiciones de la temporada de 2008 para centrarse en mejorar sus grupos musculares débiles (las piernas y los brazos), y su esfuerzo tuvo una grata recompensa: el cuarto puesto en el Tampa Pro y el segundo en el Europa Super Show del pasado mes de agosto. No obstante, para el 2010 se ha marcado el objetivo de desarrollar más la espalda, aunque parezca sorprendente.
La espalda de Bill es majestuosa, un paisaje colosal de fusión entre músculo y tendones que se despliega como una vela sobre el escenario. Sin embargo, sorprendentemente, durante la temporada de 2009 Bill tan sólo la ejercitaba 20 minutos una vez por semana, temiendo que el tamaño de la misma fuera desproporcionado. Recientemente, sin embargo, ha cambiado de parecer: “Actualmente los culturistas no destacan a menos que tengan una parte monstruosa, y en mi caso es la espalda”, comenta a carcajadas. “Empecé a ejercitar la espalda con intensidad con el fin de convertirla en algo fuera de serie. Genéticamente ya es ancha, así que mi objetivo es que sea densa, dura y profunda”.
Afortunadamente hoy es jueves, el día de su sesión de espalda, y le va a doler de verdad.
DE VUELTA A LA CARGA
Bill se entrena en el gimnasio Gold’s de Hollywood (Florida, EE UU). Como la mayoría de las casas del estado, el gimnasio y los edificios que están alrededor parecen búnkers, es decir, que son bajitos, de hormigón y no tienen rasgos distintivos. Sin embargo, el interior está generosamente equipado con un aire acondicionado potente, aliviando las olas de calor que azotan el estado de Florida (EE UU) en verano, agravadas por el clima húmedo característico de la zona.
Una vez entra, Bill se reúne con uno de sus compañeros de entrenamiento: va alternando entre cinco o seis. Ninguno de ellos es atleta profesional, sólo son tipos masoquistas que disfrutan con estos retos. Hoy se entrena con Clarence, un entrenador personal, y, después de engullir un puñado de BCAA y un batido proteico cargado con glutamina, Bill está listo para machacar el hierro. Brevemente, saluda a unos amigos, pero está concentrado 100% en su trabajo, y ellos lo saben, así que le dejan ir. Su actitud cambia de sociable a seria a medida que él y Clarence se dirigen al centro de la sala.
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