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El juego de los esteroides anabólicos
Profundizamos en la jerga de los esteroides
Por Gerard Thorne
Cuando Steve Reeves hizo popular Muscle Beach hace más
de 60 años, las palabras que se empleaban al hablar de
rendimiento eran proteína, vitaminas, minerales, levadura
de cerveza e hígado desecado. Estos eran los trucos usados
por los habituales del culturismo en la época dorada de
este deporte.
No hace falta que digamos que los tiempos han cambiado. Los culturistas
de hoy necesitan tener en sus manos una guía médica
de suplementos. Ni Reeves ni John Grimek hablaron de las modificaciones
de la posición del carbono 17 en el Dianabol ni de si el
clenbuterol es tan eficaz como la triodotironina en la pérdida
de lípidos. Hoy muchos tildan al culturismo de guerra química,
y con razón. En cuanto se extiende la noticia de que un
producto está relacionado con la hipertrofia muscular o
con la oxidación de la grasa, aunque sea remotamente, no
falta en ninguna mochila de entrenamiento.
Y, a pesar de la constante evolución de los incentivadores
químicos, los productos estrella de esa farmacopedia son
los esteroides anabólicos. Hubo una época en la
que estas sustancias se relacionaban sólo a los competidores
olímpicos, los culturistas y otros atletas profesionales,
pero ya se han extendido por toda la sociedad. Están por
todos sitios. Los toman tanto empleados de la construcción
y bomberos como ejecutivos y adolescentes.
Como ocurre con casi todos los fármacos, los esteroides
se han rodeado de ciertos términos específicos.
Los medios de comunicación y las fuerzas del orden utilizan
los nombres de los distintos productos, como Winstrol, Deca-Durabolin
y Dianabol, pero las ratas de gimnasio tienen también otro
lenguaje. En estos clubes del músculo se oye hablar de
tralla, de mandanga o de anabólicos. Es probable que hayáis
escuchado estas palabras y quizá hasta sintáis curiosidad
por saber más sobre este vocabulario; así que, vamos
allá.
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