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SANTIAGO DE LA RIVA
Nunca es tarde cuando el objetivo vale la pena
Por Cándido Moro
El culturismo es diferente a todos los deportes y lo es por muchas razones, pero una de las más destacables es que a diferencia del resto, nunca es tarde para empezar, ni siquiera para practicarlo a alto nivel.
Y si no que se lo pregunten a Santiago de la Riva.
Es un hecho que todas las autoridades deportivas, así como los expertos aseguran que para llegar a destacar en un deporte hay que empezar a practicarlo cuanto antes mejor. En casi todos se asocia la precocidad de su práctica con la posibilidad de éxito. Y otro rasgo en muchos es que el comenzar temprano casi, casi está vinculado con la retirada precoz. Son muchos los deportes en que a los 30 o poco más ya suenan las trompetas de la jubilación competitiva. En el culturismo no sólo se puede empezar a cualquier edad, sino que hoy ahora mismo miles de culturistas en los escenarios con más de medio siglo de edad y compitiendo, en algunos casos mejor incluso que nunca.
Un ejemplo de esa cualidad del culturismo es el madrileño Santiago de la Riva que comenzó a tratar con las pesas a los 25 años, aunque en realidad no lo hizo seriamente y de forma regular hasta que hubo cumplido los 30 y a pesar de eso va gradualmente escalando puestos en el ranking nacional.
Santiago es el menor de tres hermanos y el único varón. El chico nació en Madrid en abril del 1972 y como cualquier muchacho cursó sus estudios básicos obligatorios y luego además hizo primero de electrónica. En el ámbito deportivo su elección se inclinó del lado de los deportes de contacto, puesto que pasó bastante tiempo en los tatamis practicando judo llegando a conseguir el cinturón negro y también hizo algo de boxeo. Hasta que a los 25 años se decidió a probar con las pesas, movido por las ganas de verse más fuerte y marcado, aunque no lo hizo seriamente hasta los 30... “Al ver la mejoría de mi cuerpo día a día entonces decidí tomármelo en serio” recuerda él, que a pesar de haber practicado deporte, no estaba precisamente satisfecho con su físico.
“Mi complexión siempre ha sido fuerte, pero reconozco que estaba muy tapado y pesaba más de lo que debía.
Pesaba unos 87 kilos y tenía las medidas de un chico que entrenaba pero que no se cuidaba. Luego, al bajar de peso los cambios se vieron rápido, me quité tripa y me vi más marcado y eso me hizo animarme mucho para mejorar aún más. Me sentía mejor conmigo mismo”. Y como ocurre tantas veces, en cuanto comprobó lo que las pesas podían hacer por sus músculos, ya estaba enganchado y todos a su alrededor notaron el cambio.
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