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ANTONIO ROBLES MANFREDI

De tal palo...

Por Cándido Moro

Cuando hablamos del culturismo y de las capacidades de unos y de otros para destacar en éste, siempre echamos mano a los genes que nos pasan nuestros progenitores. Y aunque está demostrado que ese rasgo no es decisivo, ni que decir tiene que sí puede tener bastante importancia.
Y puede que no sólo por el aspecto físico, sino que también influya en las preferencias deportivas personales.
Ese podría ser el caso de Antonio Robles.

Siempre se ha dicho que los padres tendemos a querer que nuestros hijos hagan en la vida lo mismo que nosotros o incluso que ellos alcancen lo que nosotros no fuimos capaces de conseguir. Y así procuramos inculcar en ellos nuestros oficios, aficiones y objetivos. Pero cuando eso no es así y a pesar de todo el hijo sigue los pasos del padre, ¿podría ser eso la consecuencia de la actuación de los genes? Pues, puede que sí, porque sino cómo explicarlo.
En el caso que nos ocupa, resulta que el padre de Antonio en su juventud fue culturista, pero nunca le habló ni animó a su hijo hacia las pesas y sin embargo él sintió pronto la llamada de la disciplina del hierro y ésta se ha convertido en su profesión y forma de vida. ¿Los genes, el destino? Chi lo sa.
Claro que también podemos aducir que había otro motivo, pues con 16 años Antonio pesaba nada más y nada menos que 116 kilos, es decir que padecía sobrepeso. 
“De niño practicaba taekwondo porque siempre he estado gordito y mis padres me apuntaron para que me moviese un poquito. Pero el motivo principal por el que me decanté por las pesas fue porque en mi familia genéticamente somos todos gorditos y yo con 16 años pesaba nada más y nada menos que 116 kilos. En principio no le daba importancia pero ya empecé a coger complejos y a dejar de comer y demás, hasta que me puse enfermo y mi padre me dijo que hasta aquí llegó la cosa. Entonces me apuntó a un gimnasio para que perdiera peso” recuerda Antonio.
“Lo más gracioso de todo esto es que mi padre fue culturista también, pero él en ningún momento me obligó, me animó ni me propuso que yo siguiese por ese camino, hasta que realmente tuve esos problemillas y me sugirió hacer ejercicio para controlar el peso, no para hacer culturismo. Pero luego poco a poco yo caí en la magia de las pesas y me enganché. Tenía entonces 20 años”.
Antonio nació en Sevilla el 4 de junio de 1979 y tiene una hermana cinco años menor.
Desde los 16 años y con 1,80 metros de altura, el peso de Antonio oscilaba entre los 116 y 120 kilos, así que cuando empezó a entrenar en serio su forma física no tardó en cambiar.

 

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