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EDUCAR SOBRE CULTURISMO DE COMPETICIÓN

EVITAR LOS BOCHORNOS Y MEJORAR LAS COMPETICIONES ESTÁ EN NUESTRAS MANOS

Por Cándido Moro

Algunos de los mejores momentos de mi vida los he pasado durante las competiciones culturistas, y algunos de los peores también. Supongo que eso mismo os habrá ocurrido a muchos de vosotros si de veras os gusta el culturismo y acudís a los concursos con frecuencia.
Todavía recuerdo citas competitivas importantes y esa sensación de mariposas en el estómago ante la expectación de cómo saldría Mesonero contra Eusebio Esteban, o la reaparición de Jocha, o la de Salvador Ruiz después de años de retiro. Un momento imborrable fue la aparición del Patas, Paco Bautista, contra quien nadie tenía nada que hacer, o las luchas deportivas de Paco Mula, de Higueras y de tantos y tantos otros sensacionales culturistas españoles que hacían que semanas antes ya estuviésemos emocionados con la simple idea de sentarnos a presenciar la pelea por la supremacía muscular del momento. Cuantas mañanas y tardes-noches de vibrante emoción y disfrute que seguirán grabadas en lo más recóndito de esa zona del cerebro dónde guardamos los recuerdos.
Sin embargo, en esa misma zona cerebral también siguen albergadas algunas imágenes menos gratificantes y que tampoco resultan fáciles de borrar, como son algunas situaciones bochornosas en las que los coros de Tongo... Tongo¸ todavía golpean mis sienes y me hacen sonrojar. Recuerdo competiciones que acabaron pasada la medianoche y otras casi a las cinco de la tarde, en que sólo quedábamos unos pocos espectadores hambrientos, casi todos familiares de los pocos atletas que quedaban por salir a escena, y competiciones tediosas y cansinas que aburrían a todos, incluso a aquellos acompañantes de los atletas.
A lo largo de los años he tenido ocasión de invitar a personas ajenas al mundo del culturismo a presenciar una competición, con el reclamo de hacerles descubrir un maravilloso mundo de capacidades humanas llevadas al máximo y un espectáculo absolutamente singular y fascinante, pero casi ninguno quiso repetir. “No gracias” fue la respuesta que me dieron y sé que casi siempre se esforzaron por llegar al final y no levantarse e irse antes.
En definitiva, seguimos después de años quejándonos de que no captamos al gran público, que nuestras competiciones no interesan más que a “los nuestros” (que por cierto buscan cualquier excusa para no pagar las entradas), pero ¿hacemos algo por remediarlo? Yo creo que no lo suficiente.
Desde luego, no voy a decir que tengo la solución para hacer de pronto explotar la difusión de nuestras competiciones al gran público y llenar las salas, sólo me alienta poder despertar alguna idea entre los que organizan eventos, porque así puede que entre unos y otros podamos avanzar.
Desde hace años nos movemos en círculos, muy pequeños, y no parece que podamos romper ese maleficio, pero si nos esforzamos más podremos avanzar algo.
Para empezar, debemos ser todos más justos, porque es muy fácil criticar a los organizadores, cuando uno desconoce todo lo que hay detrás de montar un evento. Montar una competición requiere semanas y a veces meses de esfuerzo, restar tiempo a la familia y al trabajo, o negocio, además de arriesgar el propio dinero, que con frecuencia se pierde, para que luego sólo se reciban críticas y todo el mundo, desde los competidores hasta el público.
Por tanto, como durante muchos años he vivido la experiencia en carne propia, como organizador el Open Fit Form, quiero romper una lanza a favor de los ‘osados’ organizadores de competiciones.
No obstante, me permitiré expresar algunas ideas que en mi opinión podrían contribuir a mejorar el desarrollo y sobre todo el interés y la afluencia de público a los concursos.
Por tanto, hay dos objetivos fundamentales en los que centrarse: los atletas y el público.
En el caso de los primeros, todos sabemos el estado de nervios que sufre un culturista a punto de subir al escenario, así que para su mejor prestación y confort sería conveniente que pueda contar con su preparador o esa persona de confianza suya que además de ayudarle con el tiente y con el calentamiento, le anima y refuerza su confianza. Contar con ese apoyo tras los bastidores (o backstage como algunos prefieren llamarlo) puede marcar una gran diferencia en su seguridad y prestación sobre el escenario y eso redundará en la calidad del mismo.
Sé bien que no siempre es posible contar con vestuarios y zona de calentamiento amplios, porque los recintos presentan sus limitaciones, pero ese aspecto podría mejorar mucho si la organización va avisando a las categorías con cierto tiempo de antelación (cuanto más mejor) para que cuando una abandona la sala de calentamiento para subir al escenario, la ocupe la siguiente y ya se vaya preparando otra, y así sucesivamente.
Un requisito obligatorio en esa zona es disponer de agua para beber a discreción los atletas, que es lo más indispensable. En algunos eventos proporcionan incluso fruta, chapeau a esos organizadores, porque unos kilos de manzanas cuestan unos pocos euros, pero pueden valer su peso en oro en esos momentos.
En definitiva, intentar que los competidores sufran el menor estrés adicional antes de subir al escenario, puede contribuir en gran manera a mejorar el rendimiento sobre las tablas y por tanto a la brillantez de la competición.
En cuanto al público, nos encontramos con dos segmentos bien diferenciados, los acérrimos seguidores de los competidores, familiares, amigos, etcétera, y el resto, que por desgracia es el que nos falla cada vez más.
Hace años que he manifestado que durante una competición se debería explicar el funcionamiento de la misma, para una mejor comprensión de los resultados, así como para “educar” en la deportividad a los asistentes. No debería hacer falta, pero los todavía existentes casos que protestan las decisiones de los jueces ponen de relieve que sí es necesario.
Por tanto, durante el transcurso de la presentación inicial, o esos minutos que existen entre el discurrir de una categoría y otra, se debería aprovechar para apelar a la deportividad como norma de obligado cumplimiento y que implica el respeto al trabajo de los jueces y a todos los competidores. Puede que no gane vuestro favorito y que ante vuestros ojos sea el mejor, pero debéis reconocer que no podéis en modo alguno ser imparciales cuando sobre el escenario está vuestro compañero, amigo, hermano, novio, marido o hijo; pero los jueces son profesionales con el ojo avezado y una formación que avala su trabajo, así que ellos siempre saben más juzgar que vosotros. Y después de todo, si se equivocan, alabado de Dios, los otros competidores se han esforzado lo mismo o más, así que abuchear y gritar tongo, nos aleja de la esencia del deporte y hacemos un flaco favor al culturismo. ¿Cómo es sentís, y lo que es peor, cómo se sentiría vuestro ídolo si los jueces le dan la victoria y el público le grita tongo? Lo que debería ser un motivo de profunda alegría se torna en un momento bochornoso y profundamente desagradable.
No hagáis a los demás lo que no desearíais que os hicieran. Además, ¿qué pensarán los otros espectadores y esos pocos aficionados al mundo del músculo que puede que sea su primera asistencia a una competición?
Incluso en deportes en los que ambos contendientes procuran dejar fuera de combate a su oponente, como el boxeo, judo o las artes marciales, respetan escrupulosamente al contrario, al que siempre felicitan por su victoria. Jamás he visto a un boxeador poner en tela de juicio el resultado de un combate.
¿Acaso no sabemos nosotros hacer lo mismo?
Por otro lado, si desde el micro se explicase los criterios de puntuación que prevalecen y guían la valoración de los jueces, las clasificaciones serían mejor comprendidas y recibidas por el público. De la misma forma que en algunos casos habría que explicarles que en ciertas competiciones desarrolladas en dos días (sábado precompetición y domingo la final) por lo general las clasificaciones se dirimen el sábado mientras que la final, dónde los que pasan a ésta exhiben sus rutinas libres, es más bien para el espectáculo, pero los puestos se otorgan el sábado, sin embargo en ocasiones los atletas pueden cambiar drásticamente de un día para el otro, tanto a mejor como a peor, por tanto lo que el espectador de la final ve ante sus ojos no se corresponde plenamente con la clasificación. Yo creo que esas explicaciones no perjudicarían, sino que pueden contribuir a que los resultados sean mejor comprendidos y por tanto apoyados o menos protestados.
Otro tema sensible de mejorar sería la duración de los eventos, que podría reducirse, así como buscar opciones para amenizarlos, con objeto de que el espectador no pierda el interés en cuanto ha salido su favorito y continúe ocupando su asiento hasta el final.
No obstante, sé bien las limitaciones presupuestarias que han de afrontar los organizadores, porque ante la falta de patrocinadores, el canon que han de pagar por realizar la competición, los gastos implicados en el alquiler del local, los hoteles, etcétera, al tiempo de los exiguos ingresos por taquilla, ya que la afición no asiste en masa y además se las ingenia para intentar no pagar, resulta complicado montar eventos espectaculares sin acabar endeudado por ello.
En definitiva, que si queremos hacer progresar nuestro deporte debemos apoyar todas las competiciones, puesto que éstas constituyen el caldo de cultivo necesario para generar afición dentro y fuera del culturismo de competición. Si todos ponemos nuestro granito de arena, simplemente acudiendo a cuantas más competiciones mejor, pagamos como es natural la entrada, procuramos llevar a algún amigo para que descubra este maravilloso mundo de músculo y de salud, y nos comportamos como auténticos deportistas, no me cabe la menor duda que el culturismo dará un paso adelante. Y eso es responsabilidad de todos.
Lo siento chicos, pero este Breve Comentario, de breve ha tenido bien poco.

 


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