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Por Michael Lackner

 

Dieta, nutrición
y cambio corporal

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LAS CLAVES DEL ÉXITO DEL
SISTEMA DE
ENTRENAMIENTO MET

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del programa MET

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Dieta, nutrición y cambio corporal (2ª Parte)

El mes pasado, iniciamos el curso Dieta, Nutrición y Cambio Corporal. En esa primera parte, matizamos que el programa de alimentación y de ejercicio aeróbico que debe seguirse para obtener unos resultados óptimos depende de los objetivos y de la condición física de partida. Describimos los elementos clave del acondicionamiento muscular, las diferencias entre el metabolismo anaeróbico y aeróbico, y los mecanismos mediante los que el organismo transforma los alimentos que ingerimos en energía.

Ahora que ya sabemos cómo funciona el metabolismo, hablemos de la cetosis. ¿Por qué? Porque os ayudará a comprender por qué no apoyo las dietas extremas, como las ricas en carbohidratos y bajas en grasas o —al revés— las ricas en grasas y bajas en carbohidratos, que tanto se han extendido en los últimos años.

De las dietas bajas en carbohidratos hay que decir que, ante la falta de ese macronutriente, el organismo tiene dificultades para metabolizar la grasa. La degradación de los lípidos requiere la presencia de grasas y carbohidratos. Si el cuerpo no dispone de la cantidad necesaria de estos últimos, no podrá completar el proceso, y circularán por su interior moléculas de grasa que no han terminado de ser metabolizadas. Esas moléculas reciben el nombre de cetonas, y su acumulación el de cetosis. Las dietas con un contenido reducido o nulo de carbohidratos favorecen la cetosis. La más popular invita a comer cortezas de cerdo, salchichas y rollitos de beicon y queso fritos, pero sólo permite consumir 20 gramos de carbohidratos al día. Este tipo de alimentación es demasiado rica en grasas saturadas (hablaremos de ello más adelante), directamente relacionadas con las enfermedades coronarias.

Entre los efectos secundarios de un estado prolongado de cetosis (la ingestión de únicamente entre 20 y 40 gramos diarios de carbohidratos), se incluyen la disminución del ritmo metabólico, la irritabilidad, la falta de energía, la pérdida de masa ósea debido a una menor fijación del calcio, el aturdimiento, la reducción del número de mitocondrias musculares (los elementos celulares encargados de la producción energética) y una sensación general de aletargamiento.

Asimismo, estas dietas apenas reservan un lugar para las verduras, la fruta y los frutos secos, ricos en nutrientes esenciales para la salud. Existen infinidad de ensayos clínicos que demuestran que la fibra, sobre todo la de los cereales integrales, la fruta y las verduras son tremendamente beneficiosos para combatir las afecciones cardiacas y el cáncer.

Es cierto que al principio estas dietas parecen funcionar: se pierde una gran cantidad de peso corporal en las semanas iniciales y disminuye el apetito. Pero lo que realmente sucede es un cambio de la bioquímica corporal. Los alimentos ricos en proteínas que suelen componer este tipo de regímenes suelen contener una gran cantidad de grasa, y se acaban consumiendo más calorías de las necesarias. El peso que se pierde no es sólo grasa, sino también líquido (en su mayoría, intracelular), consecuencia de la ausencia de carbohidratos. Y el apetito disminuye por las cetonas presentes en la corriente sanguínea, resultado de la incapacidad del organismo para metabolizar las grasas por la falta de carbohidratos. Con el apetito, se reduce también la energía, y aparecen los mareos, las náuseas y los demás síntomas mencionados.

En definitiva, las dietas excesivamente bajas en carbohidratos no son las más adecuadas ni para los culturistas de competición ni para nadie. Los inconvenientes superan con mucho a las ventajas.
Buena parte del tamaño muscular de los culturistas procede de la mejora de los sistemas de apoyo de los músculos en lugar del desarrollo muscular en sí, como el aumento del riego sanguíneo que acompaña al entrenamiento con pesos intenso o la capacidad del organismo para almacenar la cantidad adecuada de glucógeno.

El glucógeno es la forma en la que los músculos utilizan los carbohidratos como fuente de energía para su contracción. Necesitamos ingerir a diario dosis específicas de carbohidratos complejos de bajo índice glucémico porque los músculos trabajados poseen un mayor poder para almacenar glucógeno, y, puesto que este sustrato energético se une al agua (2,7 gramos por cada gramo de glucógeno), conferirá más tamaño a los músculos.

La clave radica en prestar atención al tipo (complejos y de bajo índice glucémico) y a la cantidad (evitar las posturas radicales) de los carbohidratos. Ya he señalado las alteraciones que pueden surgir cuando se consume una dosis demasiado reducida, pero el extremo contrario, la ingesta excesiva de carbohidratos, representa el mayor obstáculo que impide perder grasa. La mayoría de las personas sabe privarse de los carbohidratos simples, pero los complejos, en dosis desmesuradas, también pueden ocasionar problemas. Recordad que tanto los carbohidratos complejos como los simples se digieren de modo similar. Los monosacáridos (azúcares simples) se absorben y se transportan directamente al hígado antes de su distribución por todo el organismo. Los disacáridos y los polisacáridos (cadenas de azúcares) se descomponen en moléculas individuales y luego se conducen al hígado, donde se convierten en glucosa si el cuerpo la necesita en ese momento. Pero si ingerimos más hidratos de los precisos, pasarán a un sistema de almacenamiento que no interesa a las personas que desean estar musculadas y definidas: la grasa corporal, y cuanto más superemos las demandas energéticas de nuestro organismo, más tejido graso se creará. Para los culturistas en fase de volumen o los deportistas cuyo objetivo principal sea ganar masa muscular y fuerza, no constituye un motivo de preocupación. De hecho, lo que más les conviene es una dieta equilibrada, abundante en carbohidratos complejos de bajo índice glucémico, rica en proteínas y con la cantidad precisa de las grasas apropiadas. Sin embargo, para quienes deseen reducir su porcentaje de grasa corporal lo máximo posible, controlar el consumo de carbohidratos en las cinco comidas diarias (tres sólidas y dos tentempiés proteínicos), todas ellas ricas en proteínas, reviste una importancia capital. Eso no quiere decir que deban eliminarse o reducirse a los niveles que recomiendan los gurús de las dietas bajas en carbohidratos (menos de 20 gramos diarios), sino que ha de encontrarse un equilibrio entre ellos, las proteínas y las grasas que se adecue a los objetivos y las necesidades individuales.

Insisto en que para los culturistas es primordial no evitar los carbohidratos; al contrario, deben incluir las dosis apropiadas del tipo adecuado en cada comida (excepto, quizás, en la última, la de la noche) en función de la intensidad de sus actividades, sus metas, su masa corporal y otras variables en las que me detendré el mes que viene. No olvidéis que los carbohidratos se convierten en glucosa (un azúcar simple) para poder emplearse como fuente de energía. Si las personas que pretenden perder grasa corporal ingieren dosis limitadas de carbohidratos complejos saludables (es decir, de 25 a 30 gramos en cada una de las tres comidas principales y entre 15 y 20 en los dos tentempiés proteínicos, y lo alternan como se indica en la dieta MET), se creará sólo una pequeña cantidad de glucosa, que se enviará a la sangre y se utilizará como combustible cuando se haga ejercicio. En cambio, si una persona consume carbohidratos constantemente, las reservas de glucógeno de los músculos estarán siempre completas y el excedente se transformará en grasa corporal y se almacenará en los puntos menos deseables.

Los mejores carbohidratos son los complejos de bajo índice glucémico, que se digieren con lentitud y estimulan la liberación de pequeñas cantidades de insulina. Se trata de alimentos como las verduras, los cereales integrales, los frutos secos, las semillas y ciertas frutas. La fórmula es muy sencilla: a más insulina, más grasa corporal, así que evitad los productos con un índice glucémico superior a 50 .

Os aconsejo que sustituyáis las bebidas azucaradas por una o dos dosis diarias de AGF, que no contiene ni grasas ni azúcar. Este suplemento ayuda a perder alrededor de un kilo a la semana porque su capacidad para controlar el ansia de tomar dulces y carbohidratos facilita la elección de los alimentos adecuados. Además, potencia el metabolismo cerebral, el estado de alerta y la agilidad mental, y es especialmente valioso para los deportistas porque favorece la recuperación e inhibe la actividad proteolítica, lo que protege el tejido muscular cuando se sigue una dieta.

Profundizaré en el índice glucémico el próximo mes, pero dejadme que cierre esta entrega diciendo que se trata de un sistema que clasifica los alimentos que contienen carbohidratos en función de la respuesta que causa en el azúcar de la sangre. Los alimentos con un bajo índice glucémico actúan como los carbohidratos complejos en el sentido de que no causan un pico de insulina, sino que crean una liberación gradual de la glucosa, que es lo que deseamos. Con los alimentos de alto índice glucémico, el nivel de glucosa se eleva y baja con gran rapidez, lo que priva al cerebro y al sistema nervioso de un suministro constante de energía.

Tanto si sois diabéticos como si sufrís hipoglucemia o queréis evitar el deseo irrefrenable de comer dulces, tener más energía o perder grasa, la estabilidad del nivel de azúcar en la sangre es fundamental, y constituye también una de las normas básicas del sistema de la dieta MET de Venice Beach.
Este programa alimentario se caracteriza, entre otras cosas, por limitar los alimentos con un alto índice glucémico, no tomarlos solos los días libres (uno a la semana), sino, en todo caso, con proteínas, que ayudan a normalizar el nivel de azúcar en la sangre.

Os recomiendo que conservéis las seis entregas que forman este curso para consultas posteriores. Una vez completado, dispondréis de todos los conocimientos que necesitáis para transformar vuestro físico. Recordad que se basa en el famoso sistema MET, una de las herramientas más valiosas de los preparadores de Venice Beach Nutritional/Muscle Research.

Alimentos con un índice glucémico superior a 50 (información extraída del manual MET de Venice Beach)
Cruasán 67
Merengue 67
Bollos 72
Aperitivos de maíz 73
Gofres 76
Donuts 76
Galletas saladas 81
Copos de maíz 82
Panecillos para hamburguesas 87
Arroz en polvo 90
Pan sin gluten 95
‘Baguette’ 95
Postres de tofu sin lácteos 115

 


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