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Dieta, nutrición y cambio corporal
(4ª Parte)
Cada vez hay más personas con sobrepeso. ¿Por qué?
Una de las causas es el consumo excesivo de carbohidratos de alto
índice glucémico. Con la mejor de las intenciones,
reducimos las calorías y seguimos un programa sólido
de ejercicio físico, pero de nada sirve nuestro esfuerzo
si no prestamos atención al índice glucémico
de los alimentos que ingerimos. La mayoría de los hombres
y las mujeres que cuidan su dieta toman patatas asadas, tortas
de arroz y batidos nutricionales que contienen fructosa, dextrosa
y jarabe de maíz, pero ¿con qué resultado?
No debería sorprendernos que la diabetes, la hipertensión,
la hipoglucemia, la hiperglucemia y la obesidad estén cobrando
dimensiones epidémicas. Como aclaramos el mes pasado, existe
una forma más inteligente y eficaz de perder grasa. La
dieta MET ha ayudado a infinidad de culturistas de renombre y
a entusiastas del acondicionamiento físico a alcanzar sus
objetivos y los ha animado a fijarse nuevas metas. Vosotros podéis
sumaros a ellos. Hemos señalado en otras entregas que seguir
la dieta adecuada es uno de los factores que determinan la victoria
en una competición de culturismo (o en el deseo de transformar
nuestra imagen).
En los tres capítulos anteriores, expusimos la información
que debe conocer una persona para cambiar su físico. En
esta cuarta parte, profundizaremos un poco más en la cuestión
de la dieta, la nutrición y el cambio corporal y nos iremos
adentrando en el sistema MET. Como numerosos lectores saben, las
secciones ya publicadas y los artículos que aparecerán
en el futuro forman un curso completo sobre las estrategias más
eficaces para mejorar vuestra salud, vuestra condición
física y vuestro aspecto.
Ya aclaramos el mes pasado que no todos los carbohidratos son
iguales. Algunos se descomponen con más rapidez y producen
un aumento excesivo del nivel de glucosa en sangre, lo que puede
originar problemas a corto y a largo plazo. Alimentos como el
maíz, la pasta refinada, las tortas de arroz, las patatas
asadas, el arroz blanco y el pan tienen su valor nutritivo, pero
los trastornos que pueden crear superan a los beneficios. Lo que
sucede cuando ingerimos productos como esos, de alto índice
glucémico, es que la subida súbita del nivel de
azúcar impide que la grasa almacenada se emplee como fuente
de energía, y deberemos esforzarnos el doble para conseguir
la mitad de los resultados que podríamos obtener. Podemos
llegar a nuestra meta por el camino fácil o por el difícil,
y la eliminación de grasa corporal no es una excepción.
Sólo necesitamos conocer las reglas del juego. La clave
está en evitar los picos de insulina y en comer según
el sistema MET, que garantiza una liberación gradual de
la insulina a la corriente sanguínea. Tomad proteínas
limpias y de calidad, el tipo adecuado de grasas (más detalles
el próximo mes) y carbohidratos de bajo índice glucémico.
Haced cinco o seis comidas diarias y cuidad las raciones para
mantener estable el nivel de insulina. Elegid productos de bajo
índice glucémico (de 50 o inferior), tomad sólo
en ocasiones puntuales los que se encuentren entre el 51 y el
65, y evitad los que pasen de 65. Por ejemplo, el yogur natural
tiene un índice glucémico de 14; con fruta, de 35.
El índice de la leche desnatada es de 30. El del mosto
y las cerezas, de 25. Por el contrario, el pan blanco y las patatas
asadas llegan al 95; el arroz instantáneo, al 90, y las
tortas de arroz, al 80. El índice glucémico de una
supuestamente sana barrita de desayuno es nada menos que de 87.
Conocer estos valores permite tomar decisiones acertadas. Ya tenéis
una de las llaves que abren la puerta de la aceleración
de la pérdida de grasa y el aumento de la energía.
Saber qué alimentos poseen un bajo índice glucémico
os ayudará a nos desviaros de vuestro objetivo al hacer
la lista de la compra o pedir en un restaurante. (Ver ampliación
de la lista de productos de alto índice glucémico
que se adjuntó en entregas anteriores. El mes pasado se
confeccionó una lista con alimentos de bajo índice
glucémico).
Sé que lo he dicho en repetidas ocasiones, pero merece
la pena insistir: limitaréis vuestra capacidad para perder
grasa corporal si consumís alimentos con un elevado índice
glucémico de manera habitual, porque la insulina impide
que las calorías se empleen como fuente de energía.
Si queréis eliminar el exceso de tejido adiposo, especialmente
en el abdomen, debéis buscar la forma de que el cuerpo
lo utilice. Y el mejor modo de conseguirlo es controlar la cantidad
de las raciones y no tomar alimentos con un índice glucémico
de más de 50. Sólo hay una excepción: los
copos de avena, que tienen un índice de 55; en su caso,
regulad sólo la cantidad (yo recomiendo medio vaso, medidos
antes de prepararlos) y añadidles claras de huevo para
elevar el contenido proteínico. Cuando sepáis maximizar
vuestro programa alimentario con estas técnicas, comprobaréis
que os costará bastante menos perder grasa. Recordad: cuando
los alimentos de alto índice glucémico aumentan
el nivel de insulina en el organismo, las grasas se almacenan.
Antes de la aparición del índice glucémico,
se pensaba que los azúcares simples se digerían
y se absorbían con rapidez, y que con las féculas,
como las patatas y el arroz, sucedía todo lo contrario.
Por consiguiente, las féculas apenas afectaban al nivel
de glucosa, a diferencia de los azúcares simples. Los ensayos
clínicos sobre el índice glucémico han demostrado
que esa creencia es errónea.
SABER ELEGIR
Los carbohidratos se dividen en dos categorías: simples
(monosacáridos y disacáridos) y complejos (polisacáridos).
Muchas de las dietas más populares de nuestros días
prohíben los carbohidratos porque su consumo aumenta el
azúcar de la sangre y ello obliga al organismo a trabajar
a marchas forzadas para producir la insulina necesaria para regularlo.
Ya sabéis que no conviene tener un nivel alto de insulina
en la sangre. Hay más probabilidades de que la glucosa
se almacene en forma de grasa corporal, porque el cuerpo sólo
puede utilizar una cantidad determinada. Sin embargo, no necesitáis
reducir radicalmente los carbohidratos para perder peso o mejorar
la resistencia a la insulina. El secreto está en la estabilidad
del nivel de azúcar e insulina en la sangre. Y ello se
logra eligiendo los alimentos con el índice glucémico
apropiado.
¿CÓMO FUNCIONA?
Ante una gran cantidad de carbohidratos, que se convierten en
azúcar sanguíneo, el páncreas debe emplearse
a fondo para secretar más insulina. Las células
del organismo se vuelven insensibles a esta hormona, sobre todo
las de las personas que sufren sobrepeso u obesidad, y se entra
en un círculo vicioso. Cuanta más insulina se produce,
más se sobrecarga el páncreas, y un nivel alto de
insulina favorece el almacenamiento de grasa, lo que, a su vez,
propicia la resistencia a la insulina. El 80% de los obesos padece
hiperinsulinemia (un nivel alto de insulina). Sin embargo, cuando
se pierde peso, la sensibilidad a la insulina y todos los aspectos
relacionados con la absorción de la glucosa mejoran.
Todos los carbohidratos se convierten en glucosa en el organismo…
pero a distintas velocidades. Antes se creía que los carbohidratos
simples (formados por la sacarosa de los refrescos, el azúcar
de mesa y los dulces) eran menos deseables que los complejos (los
que contienen fécula, como las patatas, el arroz, las judías,
la harina y ciertas verduras), y se recomendaba a los diabéticos
que evitaran el azúcar porque aumentaba el nivel de glucosa
en la sangre. No obstante, los científicos conceden cada
vez más importancia a la rapidez con que se absorbe un
carbohidrato (índice glucémico), y no sólo
si es simple o complejo. Las plantas convierten el azúcar
en fécula como sistema de almacenamiento de energía.
Así, cuando coméis patatas, nabos, calabacines y
judías, ingerís carbohidratos en forma de féculas,
que nuestro organismo transforma en glucosa para producir energía.
Por tanto, y recapitulando, todos los azúcares se convierten
en glucosa. El cuerpo almacena parte de ella en forma de glucógeno
en el hígado y los músculos como reserva de energía
a corto plazo, pero la mayor parte se emplea como energía
inmediata.
Se pensaba que los alimentos que pertenecen a la categoría
de los carbohidratos complejos (las verduras feculentas y los
cereales integrales) se absorbían con más lentitud
que los alimentos compuestos mayoritariamente de azúcares
simples. Sin embargo, el índice glucémico ha arrojado
más luz sobre la asimilación de esos carbohidratos
y su influencia en el azúcar de la sangre. El índice
glucémico es un sistema que clasifica los alimentos en
función de la rapidez con que elevan el nivel de glucosa
en sangre y estimulan la secreción de insulina en el páncreas
(ver lista de productos de bajo índice glucémico
del mes pasado). Se trata de una herramienta valiosa para elaborar
una dieta, particularmente para las personas que deseen perder
grasa, mejorar su salud y sentirse con energía todo el
día o para aquellas que sufran resistencia a la insulina.
Cuanto más alto es el índice glucémico de
un alimento, antes sube el nivel de azúcar en la sangre
tras su ingestión. Se considera que un índice de
55 es bajo, y alto si rebasa el 70. Para establecer estas puntuaciones,
se otorgó a la glucosa un valor arbitrario de 100. Los
alimentos de bajo índice glucémico son más
sanos porque hay una liberación de la energía lenta
y sostenida. Los alimentos con un alto índice glucémico
estimulan una secreción rápida de la glucosa y la
insulina, que sobrecarga el organismo. Ese fenómeno, denominado
pico, puede causar disminución de la energía, hambre
aguda, hipoglucemia, aumento del nivel de colesterol, desequilibrios
hormonales, cálculos renales e hipertensión.
Los índices glucémicos se determinaron de la siguiente
manera: los estudios se basaron en voluntarios que consumieron
50 gramos del carbohidrato en cuestión. Se midió
el azúcar de la sangre cada 15 minutos durante las dos
horas posteriores a su ingestión y se compararon las lecturas
con la respuesta a la administración de 50 gramos de glucosa
en forma de alimento. La prueba se repitió para obtener
un resultado medio y se añadió a los datos de otras
8 o 10 personas. La cifra final es el índice glucémico
de ese producto.
Si bien el índice glucémico proporciona información
muy útil, no debería constituir el único
parámetro para medir el valor de un alimento. Por ejemplo,
una lata de Coca-Cola tiene un índice glucémico
de 63, mientras que el del melón enano es de 65. Debería
resultar obvio que la Coca-Cola no es superior al melón
como fuente de carbohidratos. La clave de las frutas radica en
tomarlas por la mañana o a primera hora de la tarde con
un batido de UDA Protein, salmón o claras de huevos. Entre
los factores que influyen en la velocidad a la que un alimento
eleva el nivel de azúcar se encuentran la composición
química, el tiempo de cocción (la descomposición
de sus moléculas acelera su asimilación) y los alimentos
con los que se combina. Por ejemplo, el pan solo se absorbe con
rapidez, pero la margarina prolonga su digestión. Es decir,
tomar un alimento con un alto índice glucémico con
una grasa o una proteína modifica su absorción.
No solemos comer los alimentos solos, sino combinados con otros,
lo que afecta a la velocidad a la que se digieren. Así,
podemos ingerir un alimento de alto índice glucémico
con otro de bajo índice glucémico para obtener un
efecto compensatorio, como los tradicionales copos de avena mezclados
con claras de huevo.
EL AZÚCAR
El azúcar está presente en muchos de los alimentos
que encontramos en los supermercados, como las verduras, las carnes
procesadas, el pan, los cereales y los productos integrales, y
pueden llevar a las personas desavisadas que se preocupan por
su salud en dirección contraria a la de sus objetivos,
porque, con el tiempo, el azúcar causa hipoglucemia (un
nivel bajo de glucosa en la sangre) como efecto rebote, degeneración
muscular, almacenamiento de grasa, un descenso perceptible de
la función inmunitaria, arteriosclerosis, diabetes, enfermedades
cardiovasculares y envejecimiento prematuro. Pensad que los azúcares
refinados son nuevos en la evolución digestiva del hombre.
Se puede disfrutar de un postre elaborado en ocasiones especiales
y de una comida sin restricciones una vez a la semana como hacen
los culturistas; eso no supone un problema. Pero si examinamos
los ingredientes que acompañan al envasado de alimentos
básicos, bebidas dietéticas y barritas de desayuno,
no debe sorprendernos que la incidencia de la diabetes y de la
intolerancia a la glucosa crezca año tras año. Seguramente,
estamos saturando el páncreas.
Como afirman los doctores Ronald Klatz y Robert Goldman en su
libro Stopping the clock, “hemos dejado la peor noticia
para el final: el azúcar es perjudicial en extremo. Se
trate de azúcar blanco, azúcar moreno, miel, glucosa,
dextrosa o jarabe de maíz, sobrecarga el organismo”.
El aumento del nivel de glucosa que originan estos azúcares
simples activa una serie de reacciones químicas en el organismo.
En primer lugar, inflamación, que conviene controlar si
hace tiempo que dejamos atrás la adolescencia, y notamos
dolores y molestias inusuales. Además, el azúcar
de la sangre reacciona con ciertos minerales, como el hierro y
el cobre, lo que genera radicales libres que atacan la membrana
de doble capa lipídica de las células. El resultado
es una afluencia de compuestos químicos proinflamatorios
que producen aún más daños y aceleran el
envejecimiento.
Y eso no es todo, porque cuando tomamos azúcares simples
y alimentos y bebidas basados en el azúcar sentimos un
mayor deseo de comer dulces. Lo que sucede cuando actuamos sobre
ese deseo es que experimentamos un aumento rápido del azúcar
y, después, una caída en picado de la energía.
Como describen Klatz y Goldman, “la fatiga, los temblores,
la aceleración del ritmo cardiaco, las dificultades para
concentrarse, los problemas de memoria y la inestabilidad emocional
son tan sólo algunos de los síntomas de este trastorno”.
Sus investigaciones explican por qué sólo después
de anular o reducir en gran medida el consumo de azúcar
nos encontramos más dinámicos y tranquilos al mismo
tiempo.
Apostad por la sencillez y el sentido común. Tomad proteínas
de calidad, fruta y verduras frescas (y de bajo índice
glucémico), arroz integral, semillas y frutos secos crudos,
y olvidaos del azúcar. Ya los profesionales del pasado
aseguraban en sus seminarios que las transformaciones físicas
empiezan eliminando el azúcar y los carbohidratos simples
de la dieta.
En Winning bodybuilding, Franco Columbo dice: “Alejaos de
los azúcares refinados. Para mí, el azúcar
es lo más parecido a un veneno lento. Por eso me desagradan
tanto los alimentos procesados; contienen azúcar, y nosotros
no lo sabemos. Si pudiéramos echar azúcar al depósito
del coche como lo introducimos en nuestro organismo, Detroit se
iría a pique”. Y continúa: “De hecho,
se ha demostrado que [el azúcar] debilita los músculos.
(Recordadlo la próxima vez que sintáis el deseo
urgente de comer algo dulce antes de un entrenamiento). El nivel
de glucosa se dispara, pero desciende de manera radical poco después.
Los deportistas suelen pensar que la miel es mejor como fuente
de energía rápida, pero se la ha idealizado un poco:
no es mucho más beneficiosa que el azúcar”.
Joe Gold recomienda a los socios de sus gimnasios que procuren
no tomar azúcar en ninguna de sus formas, aunque en su
libro The World Gym muscle building system matiza que es difícil
de evitar porque está presente en infinidad de productos
procesados. En concreto, afirma: “Sí, el azúcar
es el peor ladrón de energía. Es cierto que nos
encontramos más activos al ingerir un azúcar simple,
pero se trata de una sensación momentánea. Mucho
mejor es tomar carbohidratos complejos. De ese modo la energía
se libera paulatinamente”.
NO BAJAR LA GUARDIA
Por desgracia, hay empresas alimentarias que se están introduciendo
en el mundo de los suplementos para deportistas que gritan medias
verdades a los cuatro vientos para que halléis una razón,
como un precio ventajoso, que justifique la compra de un producto
poco sano y cargado de azúcar. A sus científicos
no ha de interesarles la pérdida de grasa o el entrenamiento
con pesos, sino la creación de algo dulce, que se adorna
con los resultados de irrelevantes estudios efectuados con ratas,
lo que aumenta la confusión de los consumidores, incluidos
los culturistas. Cuando leemos las etiquetas de productos supuestamente
sanos y barritas de desayuno, vemos cantidades elevadas de esos
ingredientes baratos en los primeros lugares de la lista. Pero
escuchad a vuestro corazón: sabéis que el jarabe
de maíz, la fructosa, la dextrosa y otros azúcares
simples de alto índice glucémico no son las herramientas
más adecuadas para perder grasa y transformar nuestro físico.
Debo decir que por eso respeto los suplementos ergogénicos
de Venice Beach Nutritional/Muscle Research. Sus fórmulas
han sido diseñadas para deportistas profesionales, y sus
clientes no los utilizarían si estuvieran repletos de azúcar.
Su equipo de investigadores se ha esforzado al máximo para
que sus productos sepan bien sin la adición de esos azúcares
que engordan y debilitan las defensas del organismo. Tanto es
así que ni el sustitutivo de comidas (Venice Beach UDA+
Deluxe Meal Replacement, ni el suplemento para ganar peso (Ultracal)
ni la creatina aportan azúcares de alto índice glucémico.
El sistema de suplementos de Venice Beach resulta de gran ayuda
tanto a los culturistas profesionales como a las personas que
deseen estar en buena forma, energía, claridad mental,
una sensación de bienestar general (especialmente útil
en la fase de dieta) y un nivel de azúcar estable durante
todo el día. Permite también ganar masa muscular
y conservarla al tiempo que pierden grasa hasta el día
de una competición. Y, lo mejor de todo, estos productos
de segunda generación contienen compuestos que mejoran
la asimilación de los demás ingredientes hasta un
300% (es como tomar el triple de la dosis de un suplemento de
primera generación), y las fórmulas UDA están
reforzadas con Absorbol, que aumenta la absorción de las
proteínas hasta un 260%, todo ello sin utilizar jarabe
de maíz, dextrosa o azúcares similares.
Aunque el azúcar aporta menos calorías por gramo
que las grasas, contribuye en gran medida a la formación
de tejido adiposo. En nuestra sociedad, se consume una cantidad
excesiva de azúcar mediante productos poco sanos, lo que
incrementa la ingestión total de calorías y la subida
de peso”, afirma Eric Sternlicht, médico y profesor
de kinesiología del Occidental College, en Los Ángeles.
Ello se debe en buena parte a la insulina. De hecho, el azúcar
suele compararse con una droga porque, en lugar de dejarnos satisfechos,
despierta las ganas de comer más dulces. Esta es una de
las razones por las que las personas sienten un deseo insaciable
de tomar dulces y tienen dificultades para seguir una dieta. Leed
las etiquetas de los alimentos y los suplementos que toméis
y fijaos en los azúcares añadidos, pues causarán
estragos en vuestro organismo. En cualquier caso, si tenéis
acceso al sistema de suplementos de Venice Beach, que incluye
fórmulas sin azúcar ni grasa como AGF, VMA, UDA
Protein, UDA+ Deluxe Meal Replacement, no sentiréis esa
necesidad imperiosa de comer dulces y carbohidratos, lo que no
sólo os ayudará a elegir los alimentos adecuados,
sino a optimizar el desarrollo muscular, la recuperación
y la eliminación de grasa sin experimentaciones (ni azúcar).
No os perdáis la sección del mes que viene. Hablaremos
de las grasas saludables: en qué cantidad debemos consumirlas,
dónde podemos obtenerlas y qué lugar ocupan en la
dieta MET. Los alimentos que figuran en la lista adjunta, que
no deben consumirse cuando se sigue la dieta MET, pueden incluirse
en la comida sin restricciones que podéis hacer una vez
a la semana o en esa fecha especial que hayáis fijado de
antemano, como un cumpleaños o un aniversario. No obstante,
recordad no tomar los productos de alto índice glucémico
solos; combinadlos con otro de bajo índice glucémico
y proteínas, que ayudan a estabilizar el nivel de azúcar.
Cuando tratemos de las grasas, las proteínas y las necesidades
calóricas totales, sabréis exactamente cómo
crear una dieta MET y adaptarla a vuestra vida diaria.
LISTA DE ALIMENTOS NO RECOMENDADOS POR LA DIETA MET
Aceite de palma
Arroz instantáneo
Arroz precocinado
Azúcar (de cualquier tipo)
Bebidas alcohólicas
Bebidas de arroz
Beicon
Bollos
Caramelos
Cereales procesados
Crema de arroz
Crema de trigo
Crema para café (utilizad leche desnatada en polvo o líquida)
Crepes
Cruasán
Cualquier pasta que necesite bastante tiempo de cocción
Donuts
Fritos
Fruta seca
Galletas (dulces y saladas)
Gaseosa
Gelatina
Gofres
Grasas saturadas
Harina blanca
Maíz (incluidos el jarabe, la harina y los aperitivos)
Mango
Mantequilla
Margarina
Melaza
Mermelada
Miel
Ñoquis
Palitos de pan
Pan blanco
Pan integral (incluido el de centeno)
Pan sin gluten
Panecillos
Papaya
Pasas
Pasta de harina blanca
Pasta enlatada (con o sin salsa)
Pasteles
Patatas blancas
Piña
Pizza
Plátanos
Postres helados (incluidos los de tofu)
Pudin
Queso (salvo parmesano, ‘feta’ y ‘romano’)
Remolacha
Sandía
Sorbetes
Tacos
Tortas de arroz
Uvas (contenido excesivo de sacarosa)
Zanahorias
Zumos de fruta
El doctor Andrew Weil, afamado autor y conferenciante de medicina
integral, defiende con energía la utilidad del índice
glucémico: “Deberíamos prestar atención
al índice glucémico de los carbohidratos; es decir,
la velocidad a la que el organismo los convierte en azúcar.
Los alimentos con un alto índice glucémico, como
las tortas de arroz, el pan y las patatas, sobrecargan la función
insulínica y son, probablemente, una de las principales
causas de la obesidad”.
Estudios recientes efectuados en la Facultad de Salud Pública
de Harvard demuestran que las dietas ricas en alimentos de
alto índice glucémico incrementan el riesgo
de sufrir diabetes del tipo II, afecciones coronarias y obesidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) encabeza
una campaña para incluir el índice glucémico
en la etiqueta de los alimentos. Este dato aparece ya en numerosos
productos de Australia.
Muchos entrenadores recomiendan a los culturistas interrumpir
el consumo de suplementos antes de una competición
ante la posibilidad de que contengan azúcares no declarados.
Eso no ocurre con las fórmulas de Venice Beach. |
Esta es la cuarta parte de un importante curso que nos ayudará
a elaborar un programa completo que nos permita alcanzar los resultados
que deseamos. Si os habéis perdido alguna de las tres entregas
anteriores, podéis consultarlas en www.musclemag-es.com.
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