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Dieta, nutrición y cambio corporal
(6ª Parte)
Bienvenidos a la lección 6 del curso Dieta, Nutrición
y Cambio Corporal. Si acabáis de descubrirlo, sabed que
podéis incorporaros en cualquier momento. Como si se tratara
de clases por correspondencia para entusiastas del fitness, deportistas
y entrenadores, cada mes se aborda uno de los aspectos que integran
el sistema MET (entrenamiento de máxima eficacia).
LAS GRASAS Y LA DIETA MET
Este mes hablaremos de las grasas que el programa MET recomienda
tomar a diario, las que pueden ingerirse esporádicamente
y las que conviene evitar a toda costa, porque la dieta MET no
prohíbe todas las grasas. El problema radica en que en
los últimos años supuestos expertos nos han hecho
creer que todas las grasas son malas y que debemos desterrarlas
de nuestra alimentación. Aún hoy, muchas personas
las culpan de sus kilos de más, cuando se deben, más
bien, al exceso de carbohidratos y azúcares simples y féculas.
Una categoría de alimentos que pueden engañar a
las personas que hacen dieta son las barritas, las galletas y
los tentempiés bajos en grasa o sin grasa (pero ricos en
azúcar). Como saben los lectores habituales de esta sección,
los azúcares y las féculas que no utiliza el organismo
generan un pico de glucosa en la sangre que favorece la aparición
de los michelines. El consumo continuo de este tipo de productos
obliga al páncreas a secretar más y más insulina.
Cuanto más insulina se libere, más se sobrecarga
el páncreas y más se potencia el almacenamiento
de grasa. Como señalamos en las lecciones 4 y 5, un nivel
elevado de insulina propicia la formación de tejido adiposo,
que, a su vez, aumenta la resistencia a esa hormona. Los lípidos,
por el contrario, no tienen este efecto. La dieta MET no se basa
en la eliminación de las grasas o los carbohidratos, sino
en la elección de las clases adecuadas de estos macronutrientes,
así como en las proteínas de calidad.
Entre los carbohidratos que recomienda la dieta MET, se encuentran
los de bajo índice glucémico, como el brécol,
la coliflor, los guisantes, las coles de Bruselas, los calabacines,
los espárragos, el apio, las espinacas, las judías,
las verduras de hoja verde, los tomates, las legumbres, los pimientos,
la avena (no instantánea), el yogur, la col, las berenjenas,
el arroz integral, los pomelos, los kiwis, las nectarinas, el
melón, las bayas, las manzanas, los melocotones, las ciruelas
y las peras. En cuanto a las proteínas (que trataremos
a fondo el mes que viene), confía en los pescados magros,
el pollo sin piel, las pechugas de pavo, las claras de huevo y
los batidos de UDA Protein. Las grasas también constituyen
una parte importante de la dieta MET, pero debemos saber cuáles
escoger, cómo actúan, cuáles nos resultan
perjudiciales y cuáles beneficiosas. Este será el
tema en el que nos centraremos este mes.
GRASAS: LAS BUENAS, LAS FEAS Y LAS MALAS
Las grasas y los aceites están formados por cadenas de
moléculas de carbono a las que se unen moléculas
de oxígeno e hidrógeno. Cada una tiene sus propiedades
y sus efectos en el organismo. Las que restringe la dieta MET
son las saturadas. ¿Qué son? Hablamos de grasas
saturadas cuando la cadena de carbono está completamente
rodeada de hidrógeno. Conviene evitarlas porque, además
de engordar, su consumo excesivo eleva la presión arterial
y el riesgo de sufrir un infarto cerebral, diabetes del tipo II
y cáncer de mama o de ovario. Las grasas saturadas se solidifican
a temperatura ambiente. Ejemplos: la margarina entre las de origen
vegetal y la manteca y la mantequilla entre las de origen animal.
Algunas grasas son vitales e incluso pueden ayudarnos a luchar
contra los michelines, mientras que otras tienen el efecto contrario.
Para llevar una alimentación sana, debemos saber distinguir
las grasas buenas de las malas.
Las grasas feas
Dentro de esta categoría, los ácidos grasos trans
son los peores. Huid de ellos. Se trata de grasas procesadas,
a las que se ha añadido hidrógeno para prolongar
la vida comercial de los productos que las contienen y para convertir
los aceites vegetales en margarina, y son sólidas a temperatura
ambiente. Se les atribuyen tantos efectos nocivos que, en lugar
de feas, deberíamos llamarlas peligrosas. Para empezar,
se las asocia con la arteriosclerosis (el endurecimiento de las
arterias) porque fomentan la agregación plaquetaria. Los
estudios indican también que esas grasas incrementan la
exposición a los radicales libres y el riesgo de desarrollar
un cáncer, interfieren en la función de la corteza
cerebral, modifican los mecanismos de acción del sistema
inmunitario, entorpecen la desintoxicación hepática
y reducen la sensibilidad a la insulina al restar flexibilidad
a la membrana celular. Una investigación publicada recientemente
ponía de manifiesto que si se obtiene el 3% de las calorías
de esos ácidos grasos, hay un 50% más de probabilidades
de sufrir un ataque al corazón en un periodo de 14 años.
Estudios efectuados en la Facultad de Salud Pública de
Harvard confirman que los ácidos grasos trans duplican
el peligro de que se produzca un ataque al corazón, aumentan
el riesgo de diabetes y matan al menos a 30.000 estadounidenses
todos los años. Podéis reconocerlas porque van acompañadas
de los términos hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas
en la etiqueta de los productos. Se incluyen los alimentos como
“aceites parcialmente hidrogenados” o “grasas
vegetales”, y se utilizan, sobre todo, en los establecimientos
de comida rápida, las patatas fritas, la bollería
industrial, los alimentos procesados y los fritos de los restaurantes.
Fijaos cuando vayáis al supermercado: os sorprenderá
la gran cantidad de productos que contienen estas grasas perniciosas.
Son los que se desaconsejan cuando se sigue el sistema MET (y,
en general, si deseamos velar por nuestra salud a largo plazo).
Según el Departamento de Nutrición de la Universidad
de Harvard (‘Trans fatty acids and coronary heart disease’,
Arnold, Jill; 15 de noviembre de 1999), el 12 de noviembre de
1999 las autoridades sanitarias estadounidenses anunciaron su
intención de obligar a incluir los ácidos grasos
‘trans’ en el etiquetado de los alimentos tras comprobar
en estudios metabólicos y epidemiológicos que influyen
notablemente en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
Es más, dos sistemas estadísticos distintos indican
que sus efectos adversos son mayores que los de las grasas saturadas.
Nuestros cálculos más conservadores sugieren que
la sustitución de las grasas parcialmente hidrogenadas
por aceites vegetales no hidrogenados evitaría la muerte
prematura por afecciones coronarias de unas 30.000 personas al
año sólo en EE UU, pero los estudios epidemiológicos
señalan una cifra cercana a 100.000. De hecho, ese índice
de mortalidad podría reducirse aún más si,
además de las grasas ‘trans’, se suprimieran
de la dieta también las saturadas.
Las grasas buenas
Las mejores grasas son las denominadas insaturadas, que se dividen
en dos grupos: monoinsaturadas y poliinsaturadas. Monoinsaturadas
son aquellas a cuya cadena le faltan dos moléculas de hidrógeno.
El aceite de oliva virgen extra constituye una fuente excelente
de este tipo de grasas. Su consumo habitual tiene numerosos efectos
positivos para la salud, como la reducción del nivel de
colesterol malo y el aumento del bueno. Otra razón por
la que el aceite de oliva virgen extra (prensado en frío)
resulta beneficioso es que contiene un compuesto llamado oleuropina,
con propiedades antibacterianas y antivíricas. Investigaciones
realizadas en España revelan que el aceite de oliva puede
prevenir el cáncer de colon; el español, en concreto,
aporta el mayor índice de polifenoles, potentes antioxidantes.
Estudios llevados a cabo en Harvard indican que las mujeres que
toman aceite de oliva más de una vez al día tienen
un 25% menos de riesgo de sufrir cáncer de mama. La dieta
MET anima a los deportistas a incluir en su alimentación
diaria la dosis adecuada de grasas monoinsaturadas (en particular,
de aceite de oliva virgen extra prensado en frío) por la
función de apoyo que desempeñan en la generación
y mantenimiento del tejido muscular y en la eliminación
de la grasa. Un punto clave que debemos tener presente es que
las grasas monoinsaturadas son importantes para perder tejido
adiposo porque afectan a las hormonas, y una dieta demasiado baja
en estos lípidos puede causar una caída en picado
de la testosterona. Cuando se sigue un programa de aumento de
volumen, un modo magnífico de mantener elevado el nivel
de testosterona y de hGH y bajo el de cortisol (una hormona que
destruye el músculo) consiste en combinar las fórmulas
de Venice Beach Primestrin+ y ADL3 con la ingestión de
la cantidad apropiada de grasas monoinsaturadas, que, además
de ser cardiosaludables, ayudan a neutralizar la acción
lipogénica de la insulina y el hambre.
Una forma sencilla y económica de consumir grasas monoinsaturadas
consiste en elaborar un aliño para ensaladas compuesto
de una parte de vinagre balsámico por cada dos de aceite
de oliva virgen extra. Lo que hacen también los clientes
de Venice Beach es echar una cucharadita de aceite de oliva a
una sartén antiadherente cuando preparan verduras salteadas
o carne a la plancha. Primestrin+ y ADL3 ya están disponibles
en algunos países europeos, y deberían considerarse
elementos básicos de cualquier programa de suplementos
para acelerar el proceso del desarrollo muscular. Primestrin+
es una fórmula bioactiva y de absorción mejorada,
con propiedades anabólicas y potenciadoras de la GH, que
contiene las dosis y los componentes precisos con los que, según
los ensayos clínicos, se consigue una mayor liberación
hormonal y un aumento de la sensibilidad de los receptores celulares.
Para las personas que se entrenan con pesos, esto significa más
masa muscular tras cada entrenamiento. ADL3 incluye una serie
de poderosos ingredientes, también científicamente
probados, que regulan la secreción del cortisol, cuyo nivel,
como hemos indicado, debe controlarse para poder seguir creciendo
a un buen ritmo (ver la columna Dejad atrás vuestro desarrollo
actual).
Pero el aceite de oliva virgen extra tiene muchos otros beneficios
para la salud:
• Favorece la absorción intestinal de los nutrientes.
• Evita la retención de líquidos.
• Reduce las posibilidades de formación de cálculos
biliares.
• Reduce la presión arterial.
• Reduce el riesgo de sufrir cáncer de próstata.
• Aumenta la hidratación de la piel.
• Previene la osteoporosis.
• Reduce el nivel de glucosa en los diabéticos.
• Ayuda a evitar los desarrollos tumorales.
• Estimula la secreción pancreática.
• Mitiga los problemas gástricos.
• Mejora la actividad de la vesícula.
• Aporta compuestos que mejoran la salud, como el betacaroteno
y los polifenoles, potentes antioxidantes.
Las grasas poliinsaturadas están formadas por cadenas de
carbono a las que les faltan al menos cuatro moléculas
de hidrógeno. Entre ellas, se encuentran los ácidos
grasos omega 3 y omega 6, llamados esenciales porque el organismo
no puede sintetizarlos por sí mismo y necesita obtenerlos
de los alimentos. Además de mejorar los niveles de colesterol
(como las grasas monoinsaturadas), obstaculizan el almacenamiento
de grasas y reducen el cortisol.
Pero debemos escoger con cuidado. Investigaciones recientes demuestran
que, al contrario de lo que se creía hasta ahora, grasas
poliinsaturadas de origen vegetal como el aceite de alazor o de
maíz no constituyen las opciones más adecuadas.
Sí, ayudan a reducir el nivel de LDL (el colesterol malo),
pero también se asocian a un aumento de la incidencia de
las dolencias cardiovasculares. Las grasas poliinsaturadas derivadas
del pescado y del aceite de semilla de lino son elecciones bastante
más acertadas.
LO MEJOR DE LO MEJOR
Los ácidos grasos esenciales (AGE) se cuentan entre las
mejores grasas que se pueden tomar. Los omega 3 y 6, en particular,
son vitales para la membrana celular y el metabolismo de los lípidos.
Lo cierto es que se encargan de miles de reacciones bioquímicas,
y el organismo no puede funcionar de forma óptima sin ellos.
Resultan especialmente útiles para los deportistas por
sus efectos antiinflamatorios y su importancia para la salud articular
y la movilización de la grasa almacenada. No hay que ingerirlos
en grandes cantidades, pero procurad que no falten en vuestra
dieta. Las personas que llevan una alimentación muy baja
en grasa durante temporadas demasiado largas acusan en los entrenamientos
la carencia de esos ácidos grasos, que se manifiesta con
mareos, piel y cabellos secos, y una pérdida notable de
la energía. Los pescados grasos y el aceite de semilla
de lino constituyen fuentes extraordinarias de ácidos grasos
omega 3. La dieta MET recomienda vivamente ese tipo de pescado
tanto por los ácidos grasos y las grasas poliinsaturadas
que aportan como por su valor proteínico. En general, cuanto
más graso es un pescado, mayor es su contenido de omega
3. Del procedente de aguas frías (a menor temperatura del
agua, más graso es el pescado y, por tanto, más
rico en omega 3), los tres que prefiere la dieta MET son el salmón,
la trucha y la caballa, pero también permite el atún,
los arenques y el bacalao. Entre las mejores fuentes de ácidos
grasos omega 6, tenemos el aceite de borraja y el de onagra (primrose).
| Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 deberían
consumirse en una proporción de 2:1. Este equilibrio,
que se encuentra en el suplemento de proteínas bajo
en carbohidratos Low Carb UDA+ Deluxe Protein y el sustitutivo
de comidas UDA+ Meal Replacement, ayuda a neutralizar el cortisol,
que destruye el tejido muscular |
Recordad que los AGE mejoran la salud. Ayudan a prevenir ciertas
enfermedades. Tienen efectos protectores para el corazón.
Pueden reducir la presión arterial y los triglicéridos.
Pueden aumentar el nivel de HDL (el colesterol bueno) y contribuir
a la eliminación de tejido adiposo. No son necesarias grandes
cantidades. Cuando se sigue el sistema MET, las grasas totales
no deben superar el 20% de las calorías diarias. Complementando
la alimentación con UDA+ Deluxe Protein —que contiene
aceite de borraja y de lino—, aliñando las ensaladas
con aceite de oliva virgen extra y tomando un par de raciones
de pescado a la semana estaréis cubiertos. Sabed que la
ternera y el pollo aportan cierta cantidad de grasas saturadas;
es inevitable. En definitiva, el objetivo de la dieta MET es reducir
el consumo de las saturadas y procurar que la mayoría proceda
de fuentes insaturadas. Además, evitar la comida rápida,
como las hamburguesas con queso, las patatas fritas, los donuts,
las patatas de bolsa, las barritas dulces y productos similares
os ayudará a excluir las grasas malas (los ácidos
grasos trans) de vuestra alimentación. Tomando las grasas
insaturadas recomendadas por el sistema MET y reforzando la dieta
con los nuevos batidos UDA+ Deluxe Protein —con su aceite
de borraja y de lino— seguiréis por el buen camino.
No sólo os proporcionarán lípidos importantes
para perder grasa, mejorar la salud y optimizar la producción
hormonal, sino que vuestro corazón funcionará a
la perfección. Recordad: la dieta representa la mitad del
proceso de transformación física, aumento de la
energía y protección de la salud. A mí me
gusta el dicho saber y no hacer es peor que no saber. Para obtener
resultados con el sistema MET, debéis aplicar todas las
tácticas a medida que las vayamos exponiendo. Aún
nos quedan muchas cuestiones que tratar. Continuaremos el próximo
mes.
Nota para los lectores nuevos: uníos a los miles
de personas que siguen el curso Dieta, Nutrición y Cambio
Corporal que se imparte en esta sección. Ha llegado el
momento de que asumáis el control de vuestra dieta y vuestro
entrenamiento, y para ello necesitáis la información
adecuada. El sistema MET os enseñará la forma más
rápida y eficaz de conseguir vuestros objetivos. Se trata
de un programa completo de transformación física
con el que, por ejemplo, aprenderéis a obtener los máximos
resultados de los entrenamientos pasando el menor tiempo posible
en el gimnasio. Tras la dieta MET, analizaremos los niveles de
entrenamiento MET. No os lo perdáis. Si os falta alguna
de las entregas anteriores, podéis poneros en contacto
con ‘MuscleMag’ y pedir los números atrasados,
o consultarlas en su página web, www.musclemag-es.com.
| Debemos incluir en nuestra dieta grasas insaturadas (como
las de los pescados de aguas frías y los aceites de
oliva, semilla de lino, borraja y onagra), reducir las saturadas
y evitar los ácidos grasos ‘trans’ |
Dejad atrás vuestro desarrollo actual
Debemos controlar el nivel del cortisol para crecer a más
velocidad que cuando empezamos a entrenarnos. Dicho de una forma
sencilla, el entrenamiento con pesos supone una tensión
para el cuerpo, que reacciona secretando cortisol, que destruye
el tejido muscular (catabolismo). Pero los pesos también
estimulan la liberación de testosterona, que genera tejido
muscular (anabolismo). El desequilibrio entre estas hormonas es
la causa de que numerosos culturistas progresen a paso de tortuga.
Si se segrega la misma cantidad de ambas, una anulará a
la otra, y prácticamente no se producirán cambios
en el organismo. El resultado es una escasa recompensa por el
gran esfuerzo que se realiza.
Este proceso puede invertirse con un programa de suplementos que
incluya un producto de absorción mejorada que eleve al
mismo tiempo la testosterona y la GH, como Primestrin+, pues la
acción anabólica de la GH aumenta significativamente
ante un nivel alto de testosterona. Reforzad ese efecto conjunto
bloqueando el nivel de cortisol con una potente fórmula
anticatabólica, como ADL3. Un dato que deben recordar las
personas que se entrenan con pesos con el propósito de
ganar masa muscular es que el nivel de hormona del crecimiento
desciende cuando se incrementa la secreción de cortisol.
ADL3, una ayuda eficaz y segura, será la llave que abra
la puerta a un mayor nivel de testosterona y de GH y a entrenamientos
más productivos. Y no olvidemos la importancia de tomar
la cantidad adecuada de proteínas (más detalles,
el mes que viene) y de la intensidad del esfuerzo físico.
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