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Programa de Entrenamiento de Máxima Eficacia
(MET)
Por Michael Lackner
“No cambiéis de objetivo sólo
porque os parezca difícil o inalcanzable; buscad un nuevo
camino para llegar a él." Confucio
Mike, he leído todos los conceptos que has explicado
sobre la Dieta de Venice Beach, en especial, el índice
glucémico, y los he puesto en práctica. He perdido
cerca de cinco kilos en sólo ocho semanas, pero lo más
increíble es que ahora tengo mucha más energía
que antes (aun sin tomar café u otras sustancias estimulantes)
y me siento mejor que nunca. Soy científico especializado
en alimentación y debo reconocer que nunca me había
interesado por el índice glucémico hasta que empecé
a saber de él a través de tus artículos sobre
el Programa MET. Hoy en día, hay tantos métodos
de entrenamiento y nutrición de pacotilla que, cuando topé
con la Dieta de Venice Beach y con el sistema MET dudé
de su eficacia. ¡Pero, con el tiempo, comprobé que
sí que funcionaban!
A un amigo mío que fue culturista de nivel competitivo
durante la década de los 90, le han diagnosticado diabetes
de tipo II desde hace seis meses. Su salud se ha resentido de
un modo considerable y estoy convencido de que tus conocimientos
dietéticos pueden ayudarle mucho. Por eso, le envío
algunos de tus artículos con la esperanza de que le sean
útiles a la hora de estructurar las comidas para regular
el comportamiento hormonal (para evitar las subidas repentinas
y desmesuradas de azúcar, fenómeno conocido como
hiperglucemia). Mi amigo se encuentra en una situación
grave y, como supongo que sabrás, si las concentraciones
plasmáticas de glucosa disminuyen por debajo de los 40mg/dl
(lo que técnicamente se considera hipoglucemia),
puede caer en estado de coma, sufrir derrames cerebrales o incluso
morir.
Cuanto más leo sobre las características nocivas
de los alimentos de alto índice glucémico, más
ganas tengo de empezar el Programa Dietético MET. He estado
investigando sobre el tema por mi cuenta y he descubierto que
tomar este tipo de alimentos (las tortitas de arroz, las patatas
asadas, el arroz blanco, etc.), que yo pensaba que eran de obligado
consumo para los culturistas, promueve un mayor almacenamiento
de grasa, acelera el proceso de envejecimiento, incrementa el
riesgo de hipercolesterolemia e hipertensión (los picos
de insulina fuerzan a los riñones a producir una mayor
cantidad de angiotensina, una hormona que aumenta la presión
sanguínea) y motiva la liberación descontrolada
de estrógenos libres en el organismo que,
a su vez, fomenta la aparición de cáncer de mama
en la mujer. Asimismo, el exceso de insulina generado por los
carbohidratos de alto índice glucémico guarda relación
con una enfermedad denominada resistencia a la insulina,
que puede ser un síntoma prematuro de la diabetes de tipo
II. Y por si fuera poco, según un estudio publicado en
agosto de 2005, los niveles de insulina moderadamente altos activan
la proliferación de los marcadores inflamatorios asociados
a la enfermedad de Alzheimer.
Todo lo que explicas sobre la Dieta de Venice Beach me deja
cada vez más asombrado y estoy ansioso por conocer más
cosas. Gracias por ofrecer a los culturistas un método
eficaz con el que poder estar más fuertes, más sanos
y en plena forma, un sistema de entrenamiento y nutrición
que, por suerte, no tiene nada que ver con todas esas fórmulas
baratas que infestan el mercado.
Lo que necesitáis saber sobre
la insulina, el azúcar en sangre, el índice glucémico
y la pérdida de grasa (parte 2)
Como la mayoría de las personas
que conoce la Dieta de Venice Beach y el sistema de entrenamiento
MET sabe, los carbohidratos son la principal fuente de energía
del organismo. El cuerpo humano es como un motor y, por lo tanto,
el tipo de combustible que utilicéis determinará
la calidad de su rendimiento. Supongamos que tenéis un
coche de carreras. Si, después de la puesta a punto, le
suministráis un combustible de un octanaje inferior al
que necesita, la combustión no será lo bastante
rápida como para generar la máxima potencia y el
motor no optimizará su rendimiento, por lo que el coche
correrá menos. Del mismo modo, la ingesta de los carbohidratos
incorrectos repercute de forma negativa en el funcionamiento corporal
y ello impide que podáis sacar el máximo partido
a vuestra energía durante los entrenamientos o a lo largo
de todo el día y que perdáis grasa con tanta facilidad.
Debéis escoger el combustible adecuado para estar cargados
de energía y para que ésta no se agote antes de
que hayáis terminado la carrera o, en vuestro caso,
las duras sesiones de pesas.
Hace poco, los carbohidratos sólo se clasificaban en simples
y complejos. El primer grupo incluye las moléculas de azúcar
básicas, como la glucosa, la fructosa (de la fruta), la
lactosa (de la leche) y la galactosa. El segundo corresponde a
los carbohidratos ricos en almidón de origen vegetal formados
por distintas cadenas de carbohidratos simples. Al principio,
los dietistas aconsejaban optar por los complejos, porque, como
el organismo tarda más en descomponer las cadenas que los
componen durante el proceso digestivo, el atleta dispone de energía
durante más tiempo. No obstante, estudios recientes han
demostrado que ahí no acaba todo.
En 1981, la comunidad científica dio a conocer el concepto
de índice glucémico y dejó aún
más patente el modo en que el cuerpo humano utiliza los
carbohidratos. Jennie Brand-Miller, profesora de nutrición
humana en Sydney University (Australia) descubrió el proceso
glucémico y trató de analizarlo para clasificar
más de mil alimentos. El resultado fue el índice
glucémico, una escala que nos muestra la rapidez con la
que los carbohidratos incrementan las concentraciones de azúcar
en sangre tras su consumo. Para calcular el índice glucémico,
se comprueban las concentraciones plasmáticas de glucosa
en sangre tras la ingesta de 50 gramos de un alimento en un periodo
de tiempo concreto y se compara con la obtenida después
de consumir la misma cantidad de glucosa pura, que, como es la
unidad de azúcar básica (no olvidéis que
el organismo convierte todos los carbohidratos en glucosa tras
ser descompuestos), se toma como punto de referencia y se le otorga
el índice glucémico 100. Así pues, un producto
con un índice alto, que se acerque a 100 o que lo supere,
aumenta rápidamente los niveles de azúcar en sangre
(provoca un estado de hiperglucemia), mientras que uno con un
índice moderado-bajo motiva una subida mínima de
dichas concentraciones.
Un índice glucémico entre 70 y 160 se considera
alto, medio, el que oscila entre 56 y 69 y bajo, el que es inferior
a 55. El trabajo de Brand-Miller tuvo que llevarse acabo bajo
condiciones estrictas para evitar que las variables nutricionales
—el contenido en fibra del producto, su madurez, los otros
hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales
consumidos junto con la fuente de carbohidratos estudiada—
se vieran implicadas en el proceso y alteraran el efecto del alimento
analizado sobre los niveles de azúcar en sangre. Para conseguirlo,
los voluntarios del ensayo sólo comieron una única
fuente de carbohidratos (y nada más). Los resultados obtenidos
demostraron que no basta con dividir los diversos tipos de este
macronutriente entre simples y complejos, porque hasta este último
grupo puede disparar las concentraciones plasmáticas de
glucosa.
Como el índice glucémico es una de las herramientas
de medición más precisas, los diseñadores
del Programa Dietético MET incorporaron este principio
para garantizar la mayor producción sostenida de energía,
la máxima pérdida de grasa y la óptima regulación
de las concentraciones de insulina. Esta hormona se encarga de
mantener estables los niveles de azúcar en sangre. Cuando
estos aumentan con mucha rapidez, el cuerpo intenta contrarrestarlos
liberando más insulina y almacenando el exceso de azúcar
en forma de grasa. La insulina es la hormona anabólica
por excelencia, pero en cantidades desmesuradas puede provocar
hipertensión, retención de líquidos, cardiopatías,
cáncer de colon y un mayor acopio de grasa (porque el proceso
de utilización lipídica se ralentiza). Sin embargo,
todo esto se puede evitar si se consumen los carbohidratos de
bajo índice glucémico adecuado.
Además de todo lo que hemos explicado, este tipo de nutrientes
mejora la sensibilidad a la insulina, aumenta la resistencia muscular,
optimiza la proporción de insulina respecto a la de su
antagonista, el glucagón, incrementa la masa muscular limpia,
repone los depósitos de carbohidratos sin parar, eleva
las concentraciones de energía, ayuda a regular la diabetes
y alivia las ganas descontroladas de picar entre horas o antes
de ir a dormir.
Cuando se produce un pico de insulina como consecuencia de la
ingesta masiva de carbohidratos de alto índice glucémico,
el hígado empieza a producir un tipo de grasas llamado
triglicéridos (en este caso, no provienen directamente
de las grasas que comemos, sino que los genera el propio organismo)
a partir de los azúcares. Cuando estos aumentan mucho y
de forma repentina, el organismo es incapaz de almacenarlos todos
y parte del exceso permanece en el sistema, perjudicando el proceso
de utilización lipídica.
Almacenar grasa no es nada bueno para aquellos que desean adelgazar
y estar en plena forma, pero cada vez hay más indicios
de que las concentraciones elevadas de insulina provocadas por
los carbohidratos de alto índice glucémico pueden
dar lugar a dos condiciones todavía más peligrosas:
la resistencia a la insulina y la diabetes de tipo II. La primera
alude a un estado patológico que define la incapacidad
del organismo para responder de forma óptima a las acciones
de la insulina. Ante un estado de hiperinsulinemia, las células
(primero las hepáticas, después las musculares y,
por último, las grasas) reducen el número de receptores
como mecanismo de defensa para no sufrir una sobrecarga de esta
hormona. El cuerpo lo interpreta como una insuficiencia insulínica,
por lo que produce una cantidad aún mayor de la hormona.
Si dicho incremento persiste, cada vez habrá menos receptores
celulares y ello incurrirá en la acción del páncreas
a la hora de regular los niveles plasmáticos de insulina
y dejará de producir la que el cuerpo necesita. Esto, a
su vez, provocará un aumento continuado de glucosa (hiperglucemia)
en sangre que culminará con la aparición de la diabetes.
La hipoglucemia es otro de los trastornos que pueden aparecer,
aunque depende de la genética del individuo. Es el estado
contrario a la hiperglucemia. Cuando el páncreas secreta
grandes cantidades de insulina, ésta traslada el exceso
de glucosa a las células hepáticas e impide que
el hígado la liberare en el torrente sanguíneo,
por lo que los niveles de azúcar en sangre disminuyen de
forma progresiva. Esta alteración provoca cansancio, debilidad,
ansiedad, sudor, mareos o incluso estado de coma.
La gravedad de la hipoglucemia y de los síntomas que le
acompañan puede ser lo bastante significativa como para
que no podáis practicar actividades físicas. Para
evitar este problema, lo mejor, como siempre, es comer fuentes
de carbohidratos de bajo índice glucémico. Como
hemos dicho antes, es el tipo de alimentos más favorable,
porque al digerirse con lentitud, libera pequeñas cantidades
de glucosa en la circulación sanguínea de forma
constante. Si creéis que sufrís hipoglucemia, comed
esta fuente de carbohidratos cuanto antes y acudid al médico
para que evalúe vuestra situación.
Después de haber leído los párrafos anteriores,
espero que hayáis entendido el motivo por el que la Dieta
de Venice Beach apuesta por los carbohidratos con un índice
glucémico entre moderado y bajo. Como acabamos de contar,
el cuerpo tarda más en metabolizarlos y, por lo tanto,
proporcionan energía de manera sostenida sin que los niveles
de azúcar en sangre se disparen, favoreciendo así
la resistencia y el rendimiento del atleta. Además, como
las concentraciones plasmáticas de glucosa y los niveles
hormonales no experimentan altibajos que afecten el sistema de
forma negativa, podréis ejecutar entrenamientos más
intensos.
Es primordial que la proporción entre la cantidad de insulina
y la de glucagón también mantengan un equilibrio
óptimo. ¿Qué función desempeña
el glucagón y qué ocurre si sube o baja demasiado?
Se trata de la hormona responsable de controlar los niveles de
insulina. De hecho, se le conoce como el antagonista de la insulina.
Cuando el cuerpo necesita más azúcar, libera glucagón
para que aumente el transporte de glucosa hacia el torrente sanguíneo,
mientras que el principal papel de la insulina es justo lo contrario,
es decir, eliminar el azúcar de la sangre. Por otro lado,
el glucagón estimula la lipólisis de los triglicéridos
depositados en el tejido adiposo y abastece las células
con los ácidos grasos para no agotar la glucosa en sangre
ni caer en las garras de la hipoglucemia. Si las concentraciones
insulínicas se mantienen elevadas (por comer carbohidratos
de alto índice glucémico), el glucagón disminuye
y la insulina toma el control e inhibe la función de su
antagonista, perjudicando la salud del sistema. La Dieta de Venice
Beach aboga por el consumo de carbohidratos de bajo índice
glucémico para mantener bajos los niveles plasmáticos
de glucosa y, por ende, los de insulina. Así, tanto ella
como el glucagón funcionarán como es debido. Éste
es, sin duda, el estado ideal que debe disfrutar el organismo
si queréis perder la máxima cantidad de grasa.
Si tomáis alimentos dulces en momentos puntuales, como
una vez a la semana o en la comida trampa, los entrenadores del
Programa de Entrenamiento de Máxima Eficacia y de la Dieta
MET aconsejan que sigáis estos pasos: 1) que antes consumáis
una fuente de proteínas para reducir al máximo el
efecto glucémico; 2) que minimicéis las concentraciones
de insulina y la consecuente acumulación lipídica
con Fats Out Rx y Carbs Out Rx de Venice Beach. Estos suplementos,
no sólo ayudan a llenar de agua el tracto digestivo para
ralentizar la absorción de la glucosa (y de las calorías)
que tiene lugar en el intestino, sino que también impiden
que el páncreas libere una cantidad excesiva de insulina.
Además, contienen ingredientes que interrumpen el acopio
de grasa y el aumento del colesterol malo, lo que os permitirá
seguir progresando hacia vuestros objetivos. Las personas que
padezcan diabetes deben acudir al médico para saber con
certeza si pueden utilizar estos productos.
A la hora de determinar el índice glucémico de
los alimentos, podéis acabar hechos un verdadero lío.
Es posible que el valor glucémico que las páginas
de Internet otorguen al arroz blanco, por ejemplo, varíe
de una a otra. Pero todo esto tiene una explicación razonable:
La insulina es una hormona extraordinaria. Por un lado, es la
más anabólica del cuerpo humano e influye en la
cantidad de masa muscular que éste puede desarrollar y,
por otro, puede ser hiperlipidémica (capaz de almacenar
grasa). La clave está en elegir los alimentos adecuados
para maximizar sus propiedades anabólicas y reducir las
hiperlipidémicas al mismo tiempo.
La Dieta de Venice Beach se basa principalmente en el aporte
calórico, el índice glucémico y el efecto
que ambos tienen sobre las concentraciones de azúcar en
sangre y en las de insulina. Por eso, los artículos que
tratan sobre ella a menudo contienen tablas con una amplia selección
de los alimentos de bajo índice glucémico ideales.
La insulina es una hormona muy poderosa y hay que controlarla
mediante una alimentación sana y equilibrada. La mayor
parte de esta sección ha servido para detallar los efectos
negativos de la insulina sobre el organismo, pero hay que decir
que también proporciona beneficios. Como hemos explicado
párrafos atrás, la insulina transporta la glucosa
hacia las células. No obstante, también transporta
aminoácidos y una gran variedad de nutrientes hacia las
células musculares para crear un medio lo más anabólico
posible. Cuando la insulina incrementa el ritmo de transporte
de todas estas sustancias hacia el tejido muscular, los depósitos
de glucógeno se rellenan, provocando una mayor resistencia
muscular durante la actividad física. Asimismo, el hecho
de que esta hormona también conduzca los aminoácidos
hacia los músculos optimiza la síntesis proteica
y la retención de nitrógeno, lo que, a su vez, incrementa
la capacidad corporal para desarrollar la masa muscular. Pero
las cantidades insulínicas demasiado elevadas no son sinónimo
de un mayor almacenamiento de glucógeno muscular ni de
una síntesis proteica y una retención de nitrógeno
superior. Recordad que, ante un pico de insulina, el cuerpo tiende
a acumular grasa (hiperlipidemia). Por si no lo recordáis,
la insulina motiva la transformación de los ácidos
grasos en triglicéridos, que posteriormente se acumularán
en forma de tejido adiposo. Y para empeorar las cosas, el exceso
de insulina dificulta el proceso lipolítico. Así
que ya sabéis, si no coméis como es debido, la insulina
creará el caos en el sistema. No sólo ganaréis
grasa, sino que vuestro organismo la eliminará a un ritmo
mucho más lento.
La Dieta de Venice Beach y los suplementos citados previamente
(Carbs Out Rx y Fats Out Rx) están diseñados para
evitar todos los problemas que hemos abarcado. Si tomáis
la cantidad adecuada de carbohidratos de bajo índice glucémico,
podréis regular las concentraciones plasmáticas
de glucosa y aprovechar sólo las propiedades anabólicas
y lipolíticas de la insulina para conseguir un cuerpo sano
y musculado de la forma más segura y eficaz. ¿A
qué estáis esperando para sumaros a los cientos
de personas que utilizan el sistema MET?
Antes hemos hablado del exceso de azúcar en la sangre
(o sea, la hiperglucemia) inducida por el exceso de insulina.
Pues bien, además de la escasa energía, los mareos,
la apatía, la inestabilidad, el sudor y el hambre atroz,
el individuo puede llegar a sufrir diabetes de tipo II, una enfermedad
en toda regla con su amplia retahíla de síntomas
y de problemas de salud aún más graves que los que
acabamos de enumerar. No os creáis tan duros sólo
porque levantáis pesas en el gimnasio y tened en cuenta
que estas condiciones patológicas pueden causar grandes
estragos en vuestro entrenamiento y vuestros avances físicos.
No conviene infravalorarlos. Si os atiborráis de carbohidratos
de alto índice glucémico cada día y vuestra
sangre está completamente cargada de azúcar no podréis
eliminar el tejido adiposo.
Debéis dar prioridad a vuestra salud, no al diámetro
de la cintura. Perder grasa y ganar músculo es importante,
pero más lo es estar sano para poder conseguir esas metas.
Por eso, además de hacer hincapié en el tipo de
alimentos que debéis consumir, la Dieta de Venice Beach
exige ir al médico de forma periódica para que tengáis
un control más profundo sobre vuestro cuerpo y, de este
modo, esquivéis los posibles problemas que puedan perjudicaros,
tanto a corto como a largo plazo. Haced las cosas bien. Lo notaréis
en vuestro físico y en vuestra salud.
Como supongo que sabréis a estas alturas, la dieta del
sistema MET no sólo ayuda a regular las concentraciones
de azúcar en sangre, sino que es un entramado de lecciones
que os enseñará a comer la cantidad adecuada de
proteínas, carbohidratos de bajo índice glucémico
y grasas esenciales. Si sois nuevos lectores de esta publicación,
os recuerdo que podéis entrar en esta sección accediendo
a la página www.musclemag-es.com. En ella disfrutaréis
de todas las lecciones anteriores, que incluyen listas de alimentos
con el valor del índice glucémico que os podréis
bajar o imprimir de forma gratuita. En resumidas cuentas, esta
dieta es el complemento perfecto para el Programa de Entrenamiento
MET, la única que os permitirá perder grasa y ganar
kilos de puro músculo rápidamente. Si queréis
conservar vuestra salud y llegar a tener un cuerpo estupendo de
por vida, practicad este sistema de entrenamiento y de nutrición
si precedentes. Merece la pena. ¡Hasta el mes que viene!
“Nuestro verdadero problema no es tener
fuerza hoy, sino la necesidad vital de actuar hoy para garantizar
la fuerza mañana.” Calvin Coolidge, 30º Presidente
de los Estados Unidos de América [1872-1933]
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