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Programa de Entrenamiento de Máxima Eficacia
(MET)
Las grasas buenas: una parte esencial de una buena
nutrición
Por Mike Lackner
No temáis a las grasas buenas. Son absolutamente
necesarias y no deben faltar en un programa nutricional, porque
proporcionan al organismo los ácidos grasos esenciales,
es decir, los bloques constitutivos de las principales hormonas
reguladoras del organismo: los eicosanoides. Asimismo,
reducen la inflamación, controlan el metabolismo de los
carbohidratos y motivan la pérdida de grasa. Constituyen
un elemento muy importante de la alimentación, sobre todo,
porque estabilizan las concentraciones plasmáticas de azúcar
y provocan sensación de saciedad, aliviando las ganas de
picar entre horas. ¡Y estos son sólo algunos de sus
beneficios!
Sin embargo, muchas personas piensan que todas las grasas son
malas y cometen un gran error al eliminarlas de la dieta. Para
que lo sepáis, las grasas son uno de los tres macronutrientes
(junto con las proteínas y los carbohidratos) de obligado
consumo para conservar la salud, favorecer el crecimiento muscular
y permitir el óptimo funcionamiento corporal. La clave
está en distinguir las grasas buenas de las malas.
Qué necesitamos y que debemos evitar
Como decíamos hace un momento, no todas las grasas son
nocivas para el organismo. Las que no debemos evitar bajo ningún
concepto son las esenciales. No sólo constituyen una buena
fuente de energía, sino que, además, agilizan el
transporte de ciertas vitaminas, mejoran el equilibrio de nitrógeno,
reducen la presión sanguínea y la resistencia a
la insulina en enfermos de diabetes de tipo II, favorecen la producción
de hematíes, inhiben la proliferación de radicales
libres y minimizan el riesgo de infarto de miocardio.
Con todo, hay lípidos cuya ingesta conviene limitar o
incluso anular, ya que en cantidades elevadas pueden provocar
cáncer, enfermedades cardiovasculares y obesidad. Es aconsejable
leer las etiquetas con la información nutricional de los
alimentos que pretendéis comprar. Sólo así
sabréis qué tipo de grasas contiene el producto
y en qué cantidad. Las grasas se encuentran principalmente
en las fuentes de origen animal y vegetal. Pertenecen a una familia
de compuestos orgánicos denominados triglicéridos
(ésteres). Existen varios tipos de triglicéridos,
que se diferencian entre sí por las cadenas de carbono,
así como por las combinaciones de las cadenas de moléculas
de hidrógeno, carbono y oxígeno que los forman.
Las dos grandes categorías son las grasas saturadas y
las insaturadas. La mayoría de la gente está familiarizada
con estos términos, pero no sabe en qué se diferencian.
Una grasa es saturada cuando los átomos de carbono de sus
moléculas se unen a todos los átomos de hidrógeno
e insaturada cuando no todos los átomos de carbono están
enlazados con los de hidrógeno.
Entre las grasas malas o saturadas, se encuentra un subtipo
sintético que debéis evitar a toda costa: las grasas
hidrogenadas. Son el producto de someter las grasas insaturadas
a un proceso llamado hidrogenación, que consiste
en la introducción de moléculas de hidrógeno
en la composición físico-química de estas
grasas con el fin de cambiar su aspecto, su textura y sus posibilidades
de empleo. Los ácidos grasos naturales presentan una configuración
cis. Esta expresión indica que los enlaces dobles
de hidrógeno se encuentran en el mismo lado de la cadena
de carbono. Por el contrario, en las grasas hidrogenadas, también
llamadas trans, hay un enlace de hidrógeno a cada
lado de la molécula de carbono, lo que le confiere una
rigidez anormal que interfiere en el modo en que el cuerpo la
metaboliza. Cuando los ácidos grasos trans penetran en
el organismo, alteran la composición de las membranas celulares
y, como consecuencia de este fenómeno, inhiben la acción
de las enzimas encargadas de procesar las grasas. Los estudios
muestran que, en algunos casos, el cuerpo tarda hasta 51 días
en metabolizar la mitad de las grasas trans ingeridas, por lo
que, la mitad restante permanece en el organismo después
de ese tiempo y continúan obstaculizando la actividad enzimática.
Por otro lado, este tipo de ácidos grasos reduce la fluidez
de las membranas celulares y perjudica el óptimo desarrollo
de sus funciones, aumentando el riesgo de cardiopatías
y de ataques al corazón. Los aceites hidrogenados infestan
buena parte de los alimentos que se venden en los supermercados,
entre los que destacan la bollería industrial y las comidas
procesadas. Pero no os preocupéis, porque la Dieta MET
no incluye ninguno de estos productos artificiales.
Las grasas insaturadas se dividen en monoinsaturadas y poliinsaturadas.
Las primeras presentan una cadena a la que le falta una molécula
de hidrógeno. Los ensayos afirman que las dietas que incluyen
principalmente este tipo de ácidos grasos regulan el colesterol
malo (lipoproteína de baja densidad o LDL), mantienen altas
las concentraciones de colesterol bueno (lipoproteína de
alta densidad o HDL) y hasta disminuyen la resistencia a la insulina
que padecen los enfermos de diabetes no insulinodependiente. Entre
los alimentos ricos en grasas monoinsaturadas, se encuentran el
aceite de cánula, el de oliva y los aguacates. Por su parte,
las grasas poliinsaturadas son aquellas que carecen de dos átomos
de hidrógeno. Es el caso de los ácidos grasos omega-6
(ácido linoléico) y omega-3 (ácido alfa-linoléico).
Los primeros, como el aceite de maíz, reducen las concentraciones
plasmáticas de LDL y HDL y ayudan a producir las hormonas
encargadas de regular la contracción muscular, la constricción
y la relajación de los vasos sanguíneos y la función
inmunológica. Por su parte, los omega-3 suelen estar presentes
en los aceites de pescado y de soja y en la verdura y son vitales
para el desarrollo de la corteza cerebral y de la vista y para
prevenir las arritmias. Los estudios han llegado a la conclusión
de que el ácido alfa-linoléico es capaz de disminuir
el riesgo de infartos de miocardio, mejorar el asma y aliviar
los síntomas asociados a la artritis reumatoide.
El cuerpo no puede crear por él mismo ninguno de los dos
tipos de ácidos grasos poliinsaturados, por lo que debe
obtenerlos directamente de los alimentos para no sufrir una deficiencia
(a la que acompañan trastornos como la diarrea y la desescamación
cutánea). Precisamente por eso se les conoce como ácidos
grasos esenciales. Por lo tanto, es importante que conozcáis
los alimentos ricos en esta fuente de nutrientes. Las grasas omega-3
y omega-6 aumentan los niveles de energía, aíslan
los órganos, transportan las vitaminas liposolubles (A,
E y K), producen prostaglandinas y otras hormonas reguladoras
de la presión sanguínea, combaten las infecciones,
controlan el crecimiento en los niños y alivian la inflamación.
También velan por la salud del cabello y de la piel y hasta
se ha demostrado que ayudan a mantener alta la retención
de nitrógeno, favoreciendo el desarrollo del tejido muscular.
Para aquellos que ya siguen el sistema MET, los ácidos
grasos omega-3 son importantes para regular la liberación
de insulina y la sensibilidad a ésta. Como las fuentes
de carbohidratos de la Dieta MET son de bajo índice glucémico,
limitan la producción de insulina. Eso esta muy bien, pero
a veces el cuerpo necesita una cantidad superior para poder construir
músculo. El ácido alfa-linoleico incrementa la permeabilidad
de la membrana de las células pancreáticas, activando
la secreción de insulina. Además, mejora la sensibilidad
de los receptores ubicados en la superficie de la membrana lipídica
de las células musculares, motivando una mayor captación
de insulina e impulsando el transporte de glucosa por la membrana
celular. Esta propiedad anula por completo la sobreproducción
de insulina e incrementa el almacenamiento de glucógeno
muscular, que, a largo plazo, se traduce en unos músculos
más llenos, más fuertes y más enérgicos.
Un estudio realizado por M. J. James y otros colegas y publicado
en el Journal of Biological Chemestry de 2000 (Diario de Bioquímica)
anunció que los ácidos grasos omega-3 inhiben la
actividad de la ciclooxigenasa (COX-2) y reducen las concentraciones
de las enzimas que incitan la degradación de las articulaciones
y de los mensajeros químicos o citoquinas relacionados
con la inflamación. El organismo produce COX-2 ante una
inflamación articular, sobre todo si es crónica.
Durante la liberación de esta enzima, el dolor, la inflamación
y el deterioro de las articulaciones son máximos y está
demostrado que los derivados de los ácidos grasos omega-3,
el eicosapentanoico (EPA) y el docosahexanoico (DHA), poseen una
acción antiinflamatoria muy eficaz y son capaces de frenar
la actividad de la COX-2. Asimismo, los ácidos grasos de
las membranas celulares permiten que el cuerpo cree eicosanoides,
unas unidades parecidas a las hormonas, que previenen la inflamación
y activan la circulación sanguínea. Así que
ya sabéis: consumid el óptimo aporte de grasas omega-3
para conservar la salud de las articulaciones. No sólo
evitaréis el dolor, sino que aprovecharéis mejor
las sesiones de entrenamiento.
Al parecer, un gran número de estudios ha llegado a la
conclusión de que los alimentos ricos en ácidos
grasos omega-3 capaces de reducir la inflamación en mayor
grado son el aceite y la carne de pescado. El salmón y
el atún son dos de las fuentes de proteínas estrella
de la Dieta MET. Tomar UDA+ Protein de Venice Beach es fundamental
para administrar al organismo la máxima cantidad de proteínas,
pero también lo es comer los alimentos que acabamos de
citar varias veces a la semana para estar cargados de ácidos
grasos esenciales.
El aceite de hígado de bacalao es un ácido graso
esencial que ayuda a reducir la presión sanguínea
y el tromboxano, la sustancia que favorece la coagulación
plaquetaria. También motiva la creación de hematíes
en el sistema cardiovascular. La grasa del aceite de onagra es
objeto de análisis en la actualidad por su acción
supresora de los radicales libres (los encargados de acelerar
el envejecimiento, entre otros males). Por último, encontramos
el aceite de semillas de lino, uno de los aceites ricos en ácidos
grasos omega-3 más conocidos en el mundo del culturismo.
Conviene que vuestra dieta incluya algunos de estos lípidos.
De hecho, las grasas buenas deben representar un 20% de vuestro
aporte calórico total.
Como hemos dicho antes, los ácidos grasos trans
son el resultado de un proceso artificial en el que se introduce
una molécula de hidrógeno a las grasas insaturadas,
convirtiéndolas en saturadas para que sean más fáciles
de cocinar y más difíciles de echarse a perder.
A pesar de estas ventajas culinarias, es un tipo de grasa totalmente
perjudicial, porque reduce los niveles de colesterol bueno (HDL)
y aumenta el riesgo de infarto de miocardio. Además, interfiere
con la desaturación de los ácidos omega-3, justo
el tipo de lípidos que previene las enfermedades cardiovasculares.
El colesterol es otro de los nutrientes con peor reputación
en todo el mundo pero, en realidad, es fundamental para mantener
la salud y la vitalidad corporales. La única forma mala
del colesterol es la lipoproteína de baja densidad (LDL)
que, en concentraciones elevadas, aumenta el riesgo de ataque
al corazón, entre otras cardiopatías potencialmente
peligrosas. Si la cantidad de LDL es demasiado elevada, se deposita
en forma de placas en las arterias, obstruyéndolas
y restringiendo el volumen y el ritmo de la circulación
sanguínea. Cuando esto ocurre, el corazón recibe
una cantidad de oxígeno y de nutrientes inferior a lo habitual
y, a largo plazo, las consecuencias pueden ser fatales, por no
hablar de la posibilidad de que las placas de ateroma exploten
y se produzcan coágulos sanguíneos. No cabe duda
de que entrenar en estas condiciones es inviable. Pero no os preocupéis.
Podéis evitar estos problemas si escogéis el tipo
de lípidos adecuado con el que podáis limitar al
máximo el aumento del colesterol malo y todas sus repercusiones.
La lipoproteína de alta densidad (HDL) transporta el colesterol
sanguíneo hacia el hígado para expulsarlo del organismo
como producto de desecho. Además, reduce la acumulación
del colesterol en las paredes arteriales. De ahí que a
este colesterol, se le considere bueno. La tabla que hay
más adelante, os muestra los alimentos que podéis
consumir para no disparar los niveles de LDL.
Ahora que ya sabéis los estragos que puede ocasionar el
colesterol malo, nos centraremos en los beneficios de consumir
grasas para disponer de la óptima cantidad de HDL. Uno
de los subproductos que resultan de la descomposición de
los lípidos ingeridos es el colesterol, el percusor de
muchas de las hormonas del organismo, sobre todo, de aquellas
que incitan el crecimiento muscular. También asiste en
la producción de materia cerebral, así como de vitamina
D y de bilis (esta secreción del hígado participa
en el proceso digestivo y prepara los lípidos ingeridos
para que el cuerpo los absorba mejor). Visto esto, la importancia
de tomar fuentes de proteínas de calidad que contengan
grasas esenciales es indiscutible. Sin ellas, no podréis
ganar músculo, porque el cuerpo no podrá absorber
la máxima cantidad de ácidos grasos esenciales y
no será capaz de reunir el colesterol necesario para producir
corticosteroides, precusores de la testosterona, estrógenos
y progesterona, entre otras hormonas encargadas del crecimiento
muscular que, además, son vitales para preservar la salud
corporal.
Una de ellas es la testosterona, que es la que más interesa
a las personas que siguen el sistema MET. Los estudios sostienen
que las concentraciones de esta hormona son directamente proporcionales
a las de HDL. Como supongo que sabréis, la testosterona
pertenece a la clase de los andrógenos, que son las hormonas
esteroideas implicadas en el desarrollo y el mantenimiento de
las características sexuales masculinas y, entre ellas,
el crecimiento de la masa muscular limpia. Los ensayos clínicos
afirman que, para mantener unos niveles de testosterona adecuados,
es preciso que el 20% del aporte calórico total pertenezca
al consumo de lípidos saludables (en ningún caso
de grasas hidrogenadas o trans), exactamente la misma proporción
que propone la Dieta MET. Así que ya sabéis: consumid
proteínas de calidad que os proporcionen la óptima
cantidad de ácidos grasos esenciales para impulsar la producción
de hormonas y aumentar las concentraciones de testosterona.
Antes hemos comentado que muchas de las membranas celulares contienen
ácidos grasos. También es el caso de las que se
encuentran en el sistema inmunológico, como las células
T, las B o los macrófagos. Por consiguiente, los ácidos
grasos insaturados no sólo fomentan la producción
hormonal, sino que, además, activan el sistema inmunológico,
favoreciendo el alivio de los resfriados y de todas las formas
de estrés, incluida la que genera el entrenamiento con
peso. Por si no os acordáis, también motivan la
formación de unos mecanismos de defensa llamados eicosanoides,
que actúan ante cualquier peligro inminente.
Todavía nos queda una función muy importante que
no sería posible sin el óptimo consumo de grasas
buenas. En la sección de la Dieta MET dedicada al índice
glucémico y a sus efectos sobre las concentraciones plasmáticas
de glucosa, explicamos que las grasas reducen la absorción
de los nutrientes y, con ello, los beneficios del índice
glucémico de un alimento. Si se prolonga el proceso digestivo,
la liberación de aminoácidos es más lenta
y ello mejora la retención de nitrógeno. Durante
la digestión, se libera una hormona llamada colecistoquinina
que, además de estimular la contracción de la vesícula
biliar y la secreción de enzimas pancreáticas, provoca
sensación de saciedad y evita picar entre horas. Está
claro que las grasas no son el enemigo. Tan sólo hace falta
consumir el tipo adecuado y controlar el aporte (un gramo de grasa
contiene nueve calorías y eso quiere decir que no debéis
extralimitar su consumo).
FUENTES HABITUALES DE LÍPIDOS
| Tipo de grasas |
Fuente |
Efectos sobre el colesterol |
| Monoinsaturadas |
Aceite de oliva, de cánula,
de cacahuete, anacardos, almendras, cacahuetes y aguacate. |
Reduce el LDL
Eleva el HDL |
| Poliinsaturadas |
Aceite de maíz, de soja,
de semillas de algodón o de pescado. |
Reduce el LDL
Eleva el HDL |
| Saturadas |
Leche entera, mantequilla, queso,
helado, carne roja, chocolate. |
Eleva el LDL
Eleva el HDL |
| Grasas trans |
Margarina, grasas vegetales, aceite
vegetal hidrogenado, patatas fritas, la comida rápida
y la bollería industrial
y las comidas precocinadas y enlatadas. |
Eleva el LDL
Reduce el HDL |
Como podéis observar en esta tabla, las grasas saturadas
y las trans disparan las concentraciones de lipoproteína
de baja densidad con la diferencia de que este último grupo
reduce de forma sustancial los niveles de HDL en sangre, dando
lugar a una menor eliminación de colesterol.
Las grasas tienen nueve calorías por gramo, en lugar de
cuatro como las proteínas y los carbohidratos. Esto significa
que, cuando el cuerpo emplea la grasa a modo de combustible, gasta
la mayor parte de las calorías de cada gramo. Esto es bueno
para los atletas de resistencia, porque el cuerpo quema las grasas
durante el metabolismo aeróbico. En este punto, las exigencias
de energía se presentan de forma gradual y el cuerpo tiene
tiempo de utilizar el oxígeno para hacer frente a estas
demandas descomponiendo las grasas para generar nueve calorías
de energía, en lugar de cuatro, como ocurriría con
los carbohidratos.
En conclusión diremos que, contrariamente a lo que piensa
todo el mundo, las grasas son necesarias para el buen funcionamiento
del organismo siempre que se consuman las mejores fuentes de ácidos
grasos esenciales (sobre todo, los omega-3). Las grasas saturadas
constituyen la variedad lipídica perjudicial y están
presentes, sobre todo, en la comida rápida, los dulces
y la bollería industrial. Los entrenadores del Programa
MET aconsejan dar la espalda a todos estos productos, excepto
en la comida trampa (que es cuando podéis tomar lo que
os apetezca), que tiene lugar una vez a la semana. No obstante,
para que sigáis avanzando hacia vuestros objetivos, conviene
que toméis dos comprimidos de los suplementos Fats Out
Rx y Carbs Out Rx antes de hacer ese tipo de comidas.
Así, reduciréis el efecto glucémico y desecharéis
los azúcares y las grasas que sean perjudiciales para el
organismo de forma segura antes de que se transformen en tejido
adiposo.
De hecho, Fats Out Rx atrapa las grasas (tal y como muestra
los ensayos clínicos independientes) y las obliga a pasar
por el organismo como la fibra, sin acumularse. Se trata de un
suplemento 100% natural, sin estimulantes, que aumenta de forma
segura y eficaz las concentraciones de colesterol bueno. Asimismo,
contiene un supresor natural del apetito rico en saponinas y enzimas
clave para descomponer y eliminar la grasa. Así pues, es
un producto tremendamente útil, sobre todo, cada vez que
sucumbáis a la tentación de las grasas malas. Recordad
que las grasas saturadas causan infartos de miocardio, cáncer
y diabetes de tipo II, sin olvidar la ingente cantidad de tejido
adiposo que podéis llegar a ganar. La opción más
inteligente es limitar el consumo de grasas saturadas a la comida
trampa semanal o a las ocasiones puntuales, como un cumpleaños
o un aniversario, y tomar Fats Out Rx y Carbs Out Rx
antes de probar bocado.
Carbs Out Rx reduce la absorción de los azúcares
procedentes de los carbohidratos almidonados de alto índice
glucémico (como la pizza, la pasta, las patatas, el pan
o las magdalenas) y el consecuente acopio de grasa mediante el
bloqueo la enzima alfa-amilasa. Al inhibir la digestión
y la absorción de las calorías procedentes del azúcar
y del almidón, minimizaréis la liberación
de insulina (que os permitirá mantener estables las concentraciones
de azúcar en sangre) y cuidaréis vuestra silueta.
Las grasas insaturadas (omega-3 y omega-6) se consideran saludables
y deben obtenerse de los alimentos, porque el cuerpo no puede
crearlas por él mismo. Además, la insuficiencia
de estos lípidos disminuye la capacidad corporal para eliminar
el tejido adiposo. Os recuerdo que los pescados grasos y el aceite
de semillas de lino son muy recomendables para cargar el organismo
de proteínas y de ácidos grasos omega-3. También
podéis optar por el suplemento UDA+ Protein, que es rico
en este tipo de grasas.
No me cansaré de repetir la importancia de conocer las
grasas a fondo y de saber cuáles necesitáis consumir
y cuáles debéis rechazar para conseguir el óptimo
desarrollo muscular y la máxima pérdida de grasa.
Cambiad el chip y dejad de pensar que todas ellas son perjudiciales.
Con el tiempo, sabréis qué lípidos incluir
en la dieta y rebajaréis el efecto de las grasas saturadas
con los suplementos Carbs Out Rx y Fats Out Rx.
Si queréis más información sobre cómo
diseñar un plan nutricional eficaz mediante los principios
del Programa MET, suscribíos de forma gratuita a la sección
de Consejos semanales de la dieta de Venice Beach. Allí
encontraréis las mejores técnicas para hacer frente
a los momentos de debilidad y para seguir avanzando hacia vuestros
objetivos. ¡Buena suerte!
“En la vida sólo hay que esperar
lo mejor.” Danny Proctor (estudiante de instituto)
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