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Programa de Entrenamiento de Máxima Eficacia
(MET)
Con motivo del artículo “Las grasas buenas: una parte esencial
de una buena nutrición” del mes pasado, varios lectores han acudido
a nosotros con dudas muy similares sobre las grasas omega 3 y
las omega 6. En especial, han querido que les aclaremos cómo es
posible que el 99% de las personas de todo el mundo presente un
desequilibrio tan acusado entre las concentraciones de ambos ácidos
grasos esenciales.
EN BUSCA DEL EQUILIBRIO
“La mayoría de las personas manifiesta un marcado predominio
de ácidos omega 6.”, apuntó George L. Blackburn, director asociado
del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de Harvard.
“A lo largo de la evolución humana, la proporción de ácidos grasos
omega 6 respecto a los omega 3 ha pasado de 6 a3 a 20 a 1. Hemos
disminuido el aporte de alimentos con un alto contenido en ácidos
omega 3 en pos de las fuentes ricas en omega 6, como el maíz y
los aceites de origen vegetal (de girasol y de cártamo).”, continúa
Blackburn.
Casi nadie toma la cantidad de grasas saludables que realmente
necesita, ni siquiera quienes más vigilan su alimentación. Como
ya comentamos el mes pasado, las grasas omega 3 y omega 6 son
vitales para el óptimo funcionamiento del corazón, el cerebro
y todo el cuerpo en general y, sin ellos, no podríamos subsistir.
No obstante, los alimentos cada vez contienen menos ácidos grasos
omega 3. A continuación, os lo explicaré el motivo:
Si observamos la historia del ser humano, comprobaremos que nuestros
antecesores seguían una dieta casi perfecta, porque las concentraciones
de ambos ácidos grasos no estaban descompensadas. Sin embargo,
la alimentación ha cambiado de forma drástica en el último siglo.
Uno de los principales peligros nutricionales durante estos años
ha sido el auge de la industria de las grasas y los aceites vegetales,
procedentes de frutos y semillas ricas en omega 6, y el consecuente
aumento de su consumo diario.
Y para empeorar las cosas, la agricultura moderna ha incrementado
la producción alimentando al ganado con piensos, lo que ha reducido
los niveles naturales de ácidos grasos omega 3 de la carne.
Antes de que la piscicultura y la industria del pienso monopolizaran
el mercado, los productos de origen animal contenían un elevado
porcentaje de ácido alfa-linolénico. El pescado de mar, por ejemplo,
se alimenta de zooplancton, unos organismos unicelulares microscópicos
ricos en grasas buenas, mientras que las especies criadas en cautividad
toman piensos artificiales que, a largo plazo, resultan insalubres
para los humanos. Además, la cría intensiva motiva la aparición
de patologías inducidas por el estrés en los peces. Y no satisfechos
con eso, los técnicos de las piscifactorías intentan combatir
el problema vertiendo una enorme cantidad de antibióticos al agua
de los tanques. Al desafiar las leyes de la naturaleza, el pescado
(y la carne de cualquier animal que se críe en circunstancias
similares) carece de las óptimas concentraciones de ácidos grasos
omega 3.
Sin embargo, el mayor inconveniente es el hecho de que el organismo
no puede producir este tipo de ácidos grasos poliinsaturados por
él mismo, sino que necesita obtenerlo directamente de los alimentos.
Con el paso del tiempo, tanto el elevado nivel de ácido linoléico
(omega-6), como la insuficiencia de los dos ácidos grasos esenciales
o la descompensación entre ambos, pueden dar lugar a problemas
de salud graves:
- Infarto de miocardio
- Cáncer
- Resistencia a la insulina
- Asma
- Lupus (estrés crónico)
- Esquizofrenia
- Trastornos cutáneos
- Degeneración macular
- Degeneración muscular
- Depresión
- Depresión posparto
- Envejecimiento prematuro
- Ictus (infarto cerebral)
- Obesidad
- Diabetes
- Artritis
- Déficit de atención con hiperactividad
- Alzheimer
La mayoría de las personas con unas concentraciones de ácidos
grasos esenciales desequilibradas necesita incrementar los niveles
de omega 3 y reducir los de omega 6. De hecho, deberían consumirse
en una proporción 2:1 (es decir, que la cantidad de ácido linoléico
nunca supere el doble de la de ácido alfa-linolénico). En los
últimos 75 años, los médicos estiman que esta proporción se ha
descompensado de forma escandalosa hasta alcanzar las cifras 60:1.
Esto significa que casi todo el mundo ingiere 10 veces más ácidos
grasos omega 6 de lo que debería a causa de los piensos que administran
al ganado y al pescado de vivero, así como los productos procesados
y las grasas de origen vegetal.
Los expertos afirman que los desequilibrios
entre las concentraciones de ácidos grasos omega 3 y las de omega
6 favorecen la aparición de enfermedades crónicas y sostienen
que el 99% de la población mundial (salvo, quizá, los esquimales)
sufren este problema.
En los años 80, los investigadores se equivocaron al pensar que
la carne roja era el detonador que había disparado la incidencia
de las cardiopatías en la población norteamericana. De todos modos,
se trataba de un error comprensible, ya que basaron sus argumentos
en la ingesta de carne procedente de ganado alimentado con pienso,
cuya proporción de ácidos grasos esenciales (20:1) rebasaba con
creces la adecuada. Si se hubieran molestado en plantearse por
qué las tribus indígenas que toman carne procedente de reses que
pastan en las praderas no sufren afecciones coronarias ni infartos,
probablemente habrían dado con el quid de la cuestión.
Los animales salvajes o aquellos que siguen una dieta natural,
poseen un equilibrio de ácidos grasos esenciales de 0,16:1. Por
consiguiente, la principal causa de las enfermedades del corazón
no es la grasa cárnica, sino la fuente de la que se alimentan
los animales. El pienso y los productos sintéticos utilizados
en las grandes plantas ganaderas son nocivas para la fisiología
y la salud de estos seres (y, como consecuencia, para las personas
que los comen), porque no se corresponden con los hábitos alimentarios
naturales. Y lo mismo sucede con el pescado criado en piscifactoría.
En este contexto, el salmón que se cría al natural constituye
una de las mejores fuentes de omega 3.
“Si comemos mal, no hay médicos que valgan;
si comemos bien, no necesitaremos que ninguno nos cure.” Victor
G. Rocine, Cira 1930
Como hemos comentado líneas atrás, el remedio a esta descompensación
no es otro que consumir una mayor cantidad de ácidos omega 3.
Abundan en el aceite de semillas de lino, de nuez y, sobre todo,
en el aceite de pescado salvaje, cuya alto contenido en ácido
docosahexanoico (EPA) y eicosapentanoico (DHA) lo convierte en
uno de los alimentos estrella de la Dieta MET. Según se ha demostrado,
son sustancias fundamentales para el organismo, porque apenas
contienen mercurio y porque ayudan a prevenir enfermedades potencialmente
peligrosas, como los ataques de corazón y el cáncer.
Hoy en día, podéis comprar pescado salvaje, como el salmón, envasado
al vacío, congelado o enlatado. La forma de conservación es lo
de menos. Lo importante es que haya sido pescado en su hábitat
natural y que lo especifique claramente en su etiqueta.
Asimismo, evitad la carne procedente de ganado engordado con
piensos. Las reses que se alimentan de hierba fresca y productos
no alterados químicamente son mucho más saludables y su carne
está disponible en un gran número de establecimientos. Para más
información, consultad el Libro electrónico de Venice Beach. En
él encontraréis todo lo que necesitáis saber para compensar los
niveles de ácidos grasos esenciales, así como las técnicas para
transformar vuestro físico en sólo cuatro meses y los tipos de
pescado que debéis evitar por su elevado contenido en mercurio.
Aparte de consumir la óptima cantidad de fuentes de origen animal
de alta calidad, los suplementos alimenticios constituyen otra
de las maneras más eficaces de aumentar las concentraciones de
ácidos grasos omega 3. Os aconsejo que toméis cápsulas de aceite
de pescado y de lino de la línea de productos ASN, así como Lean
Body Protein y UDA+ Protein de Venice Beach. Si incluís estos
productos en vuestro plan nutricional y vigiláis vuestra dieta,
lograréis eliminar más grasa, ganar más músculo e implementar
vuestra salud. Es una lástima que las personas europeas interesadas
en su salud y en el sistema MET no puedan contactar con los preparadores
de Venice Beach para no perder el ritmo de sus progresos. No es
de extrañar que cada vez reciba más cartas de gente que desea
saber cómo obtener el famoso libro electrónico de Venice Beach.
A todos ellos, les aviso que lo tendrán en su librería más cercana
en menos que canta un gallo. Aunque, si no podéis esperar, pedid
información a través de la dirección correo electrónico toptrainersmedia@earthlink.net.
Conoceréis lo último en entrenamiento y nutrición y obtendréis
los consejos dietéticos semanales del Programa MET con los que
no dejaréis de avanzar.
En resumidas cuentas, es muy recomendable equilibrar las concentraciones
de ácidos grasos esenciales mediante el aumento de los omega 3.
Estos son algunos de los beneficios que conseguiréis:
- Aumenta la pérdida de grasa.
- Incrementa la potencia cerebral, especialmente la memoria.
- Previene el ictus, el infarto de miocardio y el cáncer.
- Reduce la presión sanguínea.
- Minimiza los estados depresivos.
- Inhibe la artritis.
- Eleva las concentraciones de colesterol bueno (HDL).
- Reduce el volumen de triglicéridos (grasa sanguínea).
- Frena el riesgo de degeneración macular.
- Protege el sistema nervioso.
- Fortalece los vasos sanguíneos.
- Alivia las arritmias, lo cual evita la muerte súbita.
Nota: recordad que los ácidos grasos omega 3 ayudan a quemar
calorías antes de que se conviertan en tejido adiposo, así que
si queréis deshaceros de los kilos que os sobran, incluid el salmón
salvaje y las espinacas en vuestra dieta diaria y consumidlos
con frecuencia.
Para terminar, permitidme que introduzca una cita de William
S. Harris que he encontrado en el American Journal of Clinical
Nutrition y que resumiría todo lo que hemos tratado en este
artículo:
“Algún día, los ácidos grasos omega 3 serán considerados unos
de los elementos más importantes de la historia de las ciencias
modernas de la nutrición.”
“A veces, no basta con hacerlo lo mejor
posible. Hay que hacer lo que es preciso.”, Winston Churchill.
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