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Programa de Entrenamiento de Máxima Eficacia
(MET)
“Quienes piensan que harán posible lo que
otros creen imposible consiguen la medalla de oro. La capacidad
de hacer algo depende de la convicción propia. La fe en uno mismo
es la característica más clara de un campeón”, Joe Alexander.
Perder grasa más rápido
En todo el mundo hay personas que intentan perder tanta grasa
como sea posible y en poco tiempo. Por desgracia, hay otros que
se aprovechan de este deseo y cada mes aparece un nuevo sistema
que declara ser la panacea para eliminar el tejido adiposo. Estas
dietas captan a los menos informados y les hacen perder peso de
forma poco saludable. Además, en muchos casos se elimina tanto
músculo como grasa. Los regímenes no suelen ser sanos ni eficaces
a largo plazo y al final se recuperan los kilos perdidos y hasta
se ganan más.
Para perder tejido adiposo y no volverlo a ver debéis seguir
un programa que comprenda los mecanismos por los que el cuerpo
transforma los alimentos en energía, músculo y el resto de nutrientes.
Las dietas de moda sólo se centran en una parte de este gran proceso
y sacrifican ciertos factores con el objetivo de que la báscula
marque menos kilos. Y, si bien es cierto que al principio se pierde
peso, la consecuencia común es el cansancio, la debilidad y, a
largo plazo, una enfermedad.
Para comprender bien la situación compararemos la dieta a algo
con lo que estamos muy familiarizados. Casi todos trabajamos en
una empresa que produce algún producto y podemos decir que la
fabricación es similar a la obtención de un físico esculpido.
En ambos casos el resultado tiene que ser completo y para ello
no se puede sacrificar un aspecto en beneficio de otros, porque
en alguna de las etapas el proceso se detiene.
Si una empresa quiere fabricar un producto de forma competitiva
debe optimizar los recursos productivos para abaratar costes lo
máximo posible. ? Este sistema se llama lean manufacturing,
o excelencia en la fabricación. No se trata de usar un equipo
y unos materiales más baratos, de contratar a personal no cualificado
ni de bajar los estándares de calidad para reducir el precio final,
pues el consumidor no estaría contento con el resultado y no compraría
el producto. El objetivo es evitar la superproducción, mejorar
la eficiencia del trabajador, minimizar los costes de transporte
de los materiales —tanto dentro como fuera de la empresa—, mantener
el stock en el mínimo imprescindible para atender la demanda,
eliminar los pasos que no sirvan para avanzar en la producción
y no realizar productos defectuosos. Además, se busca la mejora
de la calidad, la distribución rápida al cliente, la actualización
tecnológica y todo ello a un precio justo. Si se sacrifica alguno
de estos factores para abaratar costes, el resultado final empeorará
y se perderá dinero. Tomar decisiones erróneas para maquillar
los números en el balance repercutirá negativamente en la empresa.
Y el cuerpo funciona del mismo modo. Debéis reducir la grasa
a la vez que aumentáis la fuerza, la vitalidad, la salud mental
y el equilibrio emocional y psicológico. No se puede eliminar
una de estas áreas para que la báscula marque unos kilos menos.
Debéis pensar que vuestro físico es una empresa en la que habéis
invertido mucho tiempo y esfuerzo y debéis obtener beneficios.
Pensad que perder lípidos es mejorar la salud. Tenéis que seguir
un programa integral que reduzca la grasa, pero que mantenga la
eficacia operativa del organismo. Al igual que la mala utilización
de los recursos en una empresa repercutirá a largo plazo en la
calidad del producto, los desajustes alimentarios que proponen
muchas dietas revertirán de forma negativa en la salud.
Por eso debemos usar un sistema que mejore la capacidad corporal
para liberarse de los procesos innecesarios sin per ?judicar a
la calidad. Este método se llama nutrigenómica. La nutrigenómica
es la ciencia que estudia las señales que los alimentos envían
a los genes. Comprender esta relación y saber cual es el efecto
de los nutrientes nos permite sacarles el máximo partido. En nuestro
caso el cuerpo es nuestra empresa, así que queremos que tenga
el mayor rendimiento y muestre una masa muscular equilibrada con
poco tejido adiposo. Para ello debéis saber qué instrucciones
dar a vuestro cuerpo. Los alimentos y la forma y momento en la
que los consumís son esas instrucciones.
El concepto de nutrigenómica surge de la información sobre nutrición
extraída de innumerables documentos y apuntes de investigación.
Todo el mundo puede acceder a esta información, pero ni los organismos
del gobierno, ni los centros médicos, ni los miembros de la industria
alimentaria, entre otros, se interesan por ella. Por eso, los
preparadores MET hacen todo lo posible para que los seguidores
de este sistema sin precedentes dispongan de estos datos nutricionales
para poder perder grasa de forma sencilla y automática.
La nutrigenómica define la capacidad para manipular a nuestro
antojo los recursos metabólicos del organismo con el fin de controlar
la grasa, la masa muscular, la energía y la salud y, de este modo,
efectuar los cambios corporales pertinentes para alcanzar nuestros
objetivos.
El cuerpo humano es como la máquina de una fábrica. Está programado
para funcionar de una determinada manera según su configuración
y el tipo de combustible, aunque su comportamiento y su eficacia
funcional pueden verse alteradas si cambian los factores ambientales.
Por ejemplo, un sensor sirve para recoger una señal específica
y hacer que la máquina funcione como es debido, pero si no funciona
bien, está sucio o mal conectado, no hará su trabajo. Al igual
que el sensor, el organismo actúa según el medio en el que se
encuentra, los a ?limentos consumidos, las emociones sentidas
y las actividades realizadas. No obstante, su funcionamiento puede
resentirse como consecuencia de factores externos, aunque el aporte
nutricional sea óptimo y las condiciones internas favorables.
Es el caso de la principal hormona destructora del tejido muscular:
el cortisol. El sistema libera esta hormona en situaciones de
estrés, ansiedad y cansancio extremo (por no haber dormido lo
suficiente) e inhibe las ganancias musculares a pesar de haber
comido bien, haber utilizado suplementos y no haberse saltado
ni una sesión de entrenamiento. Para maximizar vuestros progresos,
debéis conocer estos detalles y procurar que todos ellos trabajen
en armonía. Si de verdad queréis aprender a manipular vuestro
propio cuerpo como lo hacen los atletas profesionales, debéis
tener en cuenta hasta el último aspecto, ya sea la dieta, el entrenamiento
o los elementos externos, porque todos ellos son capaces de influir
en el funcionamiento corporal.
Por suerte para nosotros, la comunidad científica ha investigado
muchísimo sobre este tema y ahora sabemos el modo en que los alimentos
que ingerimos activan señales específicas que el sistema envía
a los genes. Podemos utilizar estos conocimientos que otros descubrieron
en su día para determinar qué nutrientes consumir y cuándo hacerlo
a fin de obtener más beneficios en menos tiempo.
Como es obvio, si queréis deshaceros de esos antiestéticos kilos
de más, es preciso que sepáis qué alimentos enviarán las señales
adecuadas a los sensores genéticos para acelerar la lipólisis.
Entre los más importantes, se encuentra uno de los tres macronutrientes:
las grasas buenas. Aunque os pueda resultar contradictorio, no
todos los lípidos son nocivos. De hecho, es preciso consumir el
tipo adecuado y en la cantidad recomendada para conservar la salud
y cuidar la silueta. Las investigaciones científicas incluso han
determin ?ado que es mucho más importante la calidad de las grasas
que la cantidad.
Los ácidos grasos omega 3 son vitales para nuestra salud y, como
ayudan a controlar los procesos metabólicos, combaten el exceso
de grasa corporal, justo lo contrario de lo que hacen los tipos
de grasa cuya ingesta hay que limitar o incluso anular. El sistema
necesita los dos tipos de ácidos grasos omega 3, es decir, el
eicosapentanoico (EPA) y el docosahexanoico (DHA) que abundan
en los pescados grasos como el salmón, el atún, las sardinas y
la caballa (según el libro electrónico de Venice Beach, estos
son los tipos de pescado que contienen más ácidos grasos omega
3 y una menor cantidad de mercurio y PCB) y otros alimentos marinos,
como las algas. Si no soléis tomar estos alimentos, el organismo
puede producir DHA y EPA a partir del ácido alfalinoleico, que
se obtiene de las semillas de lino, de los frutos secos, de los
cereales integrales, la verdura de hoja verde, las pepitas de
calabaza y el aceite de cáñamo.
La ingesta de estos dos tipos de ácidos grasos omega 3 influye
sobre los receptores activados por el proliferador del peroxisoma
(PPAR), un tipo de moléculas que se unen a las proteínas para
regular el proceso por el que la secuencia genética de ADN se
convierte en estructuras proteico funcionales de las células.
Al parecer los PPAR activan los genes para provocar modificaciones
en los compuestos químicos de las células para que éstas descompongan
las moléculas de azúcar y grasa y creen energía, en lugar de almacenarse
en forma de tejido adiposo. Ahora que conocéis la importancia
del EPA y el DHA, aseguraos de que formen parte de vuestra dieta
diaria.
Tal y como señala el libro electrónico de Venice Beach (la guía
definitiva para perder grasa y no volver a recuperarla), los ácidos
grasos poliinsaturados (esto es, omega 3, 6 y 9) son imprescindibles
para el buen funcionamiento corporal, pero h ?abitualmente el
consumo de omega 6 es excesivo y constituye un enorme peligro
para la salud. De hecho, se encuentran en todo tipo de aceites
vegetales, como el de maíz o girasol, la soja, los frutos secos
(excepto la nuez), los cereales y el ganado alimentado con piensos,
entre otros. Lo ideal sería consumir la misma cantidad de grasas
omega 6 que de omega 3 o, como mucho, el doble del primero que
del segundo (proporción 2:1), pero no más. Actualmente, esta relación
varía entre 20:1 y 50:1. Los expertos asocian este incremento
descontrolado y desproporcionado al aumento de la incidencia de
cáncer, infarto de miocardio, depresión, envejecimiento prematuro,
trastorno por déficit de atención con hiperactividad, enfermedad
de Alzheimer, diabetes y obesidad. La situación ha llegado a tal
extremo que hasta los médicos han empezado a concienciar a sus
pacientes de la necesidad de limitar el consumo de ácidos grasos
omega 6 e impulsar la ingesta de los omega 3 para restablecer
el equilibrio inicial entre ambos. Y esto es precisamente lo que
ha puesto en práctica el Programa MET.
Por otro lado, debéis evitar a toda costa las grasas trans que
contienen productos como la margarina, la manteca vegetal, los
aceites vegetales hidrogenados, las patatas muy fritas y la mayor
parte de la comida rápida y precocinada o enlatada. Este tipo
de ácidos grasos saturados dispara el riesgo de ataques al corazón,
porque reduce los niveles de colesterol bueno (lipoproteína de
alta densidad o HDL) y eleva los de colesterol malo (lipoproteína
de baja densidad o LDL). También interfiere con la desaturación
de los ácidos grasos omega 3, dando vía libre a la aparición de
las cardiopatías.
Grasa corporal y factor insulínico
De todas las hormonas que debéis aprender a controlar, la más
importante es, sin lugar a dudas, la insulina. Es liberada por
las células beta del páncreas y, al igual que otras ho ?rmonas,
se une a receptores específicos ubicados en las membranas celulares.
Entre sus funciones principales, se encuentran el transporte de
los nutrientes hacia el interior de las células y la transformación
de la glucosa en glucógeno y los aminoácidos en proteínas, lo
que inevitablemente bloquea el proceso por el que éstas se convierten
en grasa y glucosa. La insulina es la hormona anabólica por excelencia
y, por lo tanto, favorece la hipertrofia muscular que tanto deseáis.
Pero no os equivoquéis, la insulina tiene dos caras y, pese a
que resulta beneficiosa a corto plazo, puede tener un efecto muy
negativo con el paso del tiempo.
La insulina desempeña muchas funciones clave en el organismo.
Aparte de contribuir a desarrollar la masa muscular y transferir
los nutrientes al interior de las células, también almacena grasa
corporal y afecta el comportamiento de otras hormonas que regulan
el apetito, el estado de ánimo y la fertilidad. Cuando todos estos
sistemas se desestabilizan, las consecuencias pueden ser terribles.
Si las concentraciones de glucosa en sangre son demasiado elevadas,
el organismo tiende a acumular tejido adiposo. Por eso, hay que
saber qué carbohidratos consumir y en qué cantidad. Acostumbraos
a tomar fuentes de bajo índice glucémico a intervalos regulares.
Es muy importante que aprendáis a controlar el aporte diario
de carbohidratos y optar siempre por aquellos que posean un índice
glucémico moderado o bajo (para más información, consultad las
tablas del libro electrónico del Programa MET). Para conseguirlo,
elegid con tiento los alimentos de vuestra dieta para consumir
sólo los que os garanticen la energía necesaria y no se acumulen
como grasa. Los productos con un alto contenido en azúcar inducen
a un pico de insulina que activa las señales hormonales y motivan
el almacenamiento de grasa corporal. Si no tomáis el óptimo aporte
de carbohidratos, os cansaréis ? antes de poder completar la rutina
y el organismo descompondrá las proteínas a modo de combustible,
en vez de utilizarlas para desarrollar el tejido muscular.
Pese a que los azúcares simples poseen el mayor índice glucémico
y, por consiguiente, son los nutrientes que más disparan los niveles
insulínicos, la gente no suele prestarles la atención que merecen
y no aprenden a controlarlos como es debido. Cuando una persona
hace dieta, se obsesiona por las grasas y las calorías y, como
no se fija en los carbohidratos, acaba consumiendo productos sin
grasa cargados de todo tipo de azúcar, como el sirope de maíz,
la lactosa o la maltosa, que provocan picos de insulina e impulsan
el acopio de grasa. Como consecuencia, la persona sigue ganando
tejido adiposo por mucho que intente evitarlo y experimenta efectos
secundarios inducidos por el exceso de azúcar en sangre.
Una de las peores partes de la relación entre la glucosa y la
insulina es que los picos de esta hormona ocasionan daños en el
organismo a largo plazo. Si las células reciben el bombardeo de
la insulina, acaban volviéndose resistentes a esta hormona. En
esta situación, el sistema es incapaz de reducir los niveles plasmáticos
de glucosa, por lo que ésta se acumula cada vez más en el torrente
sanguíneo y ello, a su vez, obliga al páncreas a liberar cada
vez más insulina que las células se resisten a absorber. Por consiguiente,
la insulina no puede transportar la glucosa y otros nutrientes
imprescindibles para el organismo (como el calcio, la fibra, la
vitamina A, C y E, el zinc, el magnesio y el hierro) hacia el
interior de las células, lo que resulta en hipertensión, cardiopatías,
diabetes y cáncer.
Hasta los productos que suelen considerarse sanos y que dicen
serlo, como las barritas de muesli, los yogures de frutas, los
cereales, el zumo de tomate y las bebidas isotónicas creadas especialmente
para los atletas están mu ?y azucarados. La Dieta MET os proporciona
una lista de alimentos para evitar que caigáis en la tentación
y para que logréis mantener estables las concentraciones de insulina
y de azúcar en sangre para perder la máxima cantidad de grasa.
Este sistema de entrenamiento y nutrición os enseñará todo lo
que necesitáis saber sobre la insulina y la importancia que ésta
tiene sobre la salud. Cuanto más sepáis y mayor sea vuestra capacidad
para controlar esta hormona, más fácil os resultará manipular
las concentraciones insulínicas. Y lo mejor de todo es que diréis
adiós para siempre a las ansias de comer alimentos prohibidos
y al exceso de grasa corporal en un máximo de 10 semanas. Alcanzaréis
un cuerpo en plena forma, definido y sin grasa y os sentiréis
muchísimo mejor. A diferencia de las dietas de moda que prometen
mucho y hacen poco, la del sistema MET os ayudará a conseguir
los resultados que queríais y a mantenerlos en el tiempo, lo que
mejorará vuestra calidad de vida.
Aparte de aprender a estabilizar la insulina, la Dieta de Venice
Beach también enseña a sus clientes la importancia de practicar
ejercicio físico correctamente. Según el Programa MET, es mucho
más fructífero optar por las sesiones aeróbicas intensas y de
corta duración que por las largas de intensidad baja o moderada,
sobre todo, si se realizan a primera hora de la mañana antes de
desayunar. Está demostrado que entrenar con pesos sólo durante
30 minutos tres veces a la semana es mucho más eficaz si se sigue
el sistema MET (véase la sección Hacer ejercicio según el Entrenamiento
MET en www.musclemag-es.com).
Los seguidores de este sistema aprenden toda la información pertinente
sobre los azúcares simples y los carbohidratos de alto y bajo
índice glucémico para desvelar los peligros nutricionales que
se ocultan en las etiquetas de los productos. A la larga, es ?tos
conocimientos les ayudan a detectar el momento propicio para consumir
una fuente de carbohidratos concreta para avanzar hacia su meta
final: ganar músculo y perder grasa. Los refrescos y los zumos
de fruta azucarados ya forman parte del pasado. Ahora la Dieta
MET os ofrece Ultra diet fuel tea, la bebida energética
sin azúcar con efecto termogénico que aporta los mismos beneficios
del agua. ¿Sabíais que el agua incrementa la termogénesis hasta
un 30% mediante la activación de la capacidad corporal para quemar
grasa? Pues los fieles seguidores del sistema MET ya lo sabían.
La Dieta MET aconseja comer la óptima proporción de proteínas,
carbohidratos y grasas buenas cada tres o cuatro horas para impedir
que el metabolismo se ralentice. Los alimentos estrella de este
programa son el pavo, el pollo, la ternera criada con pasto, los
huevos, el pescado (en especial el salmón), la verdura al vapor,
el aceite de coco, las bayas, las nueces, los aguacates, las ensaladas,
las judías y suplementos, como UDA+ Protein y UDA Lean Body Protein.
Estos también constituyen uno de los pilares del programa nutricional
MET. A continuación, explicaremos en detalle qué contienen y cómo
interactúan con el organismo para que sepáis utilizarlos a fin
de alcanzar los objetivos físicos que os habíais propuesto y mejorar
vuestra salud. La biodisponibilidad de estos productos es tan
elevada que el individuo absorbe una mayor cantidad de sus ingredientes
activos con una dosis menor que la que necesitaría con otras marcas.
Los atletas que siguen el sistema MET pueden hacer una comida
trampa a la semana gracias a los suplementos Crabs Out Rx y Fats
Out Rx. Tan sólo deben tomar dos comprimidos de cada uno antes
de hincar el diente a sus manjares preferidos. Carbs Out Rx bloquea
la acción de la enzima alfa amilasa e impide que descomponga los
carbohidratos procedentes de la pasta, la pizza o cu ?alquier
otra comida rica en carbohidratos de alto índice glucémico. De
esta manera, el macronutriente ingerido no se convierte en glucosa
y el organismo no lo acumula en forma de grasa. Por su parte,
Fats Out Rx recoge los lípidos y evita que se almacenen, porque
los transporta por el organismo y los expulsa como si se tratara
de fibra. Aunque lo realmente asombroso de estos dos suplementos
es el hecho de que son naturales al 100%, no contienen estimulantes,
estabilizan las concentraciones de colesterol bueno y la relación
calidad precio es inmejorable en comparación con otros productos
pensados para eliminar la grasa corporal. Si todavía queréis saber
más acerca de estos suplementos, visitad vuestra tienda Olympus
más cercana.
La dieta MET no sólo ayuda a que una persona alcance el físico
con el que siempre había soñado, sino que, al hacerlo, automáticamente
consigue que su familia y amigos tome conciencia de los beneficios
de seguir un estilo de vida sano y equilibrado. Así que ya sabéis,
tomad sólo los alimentos y utilizad los suplementos que aconseja
la dieta MET. Invertiréis en vuestro cuerpo y vuestra salud. Vuestro
cuerpo es una empresa y los beneficios serán magníficos gracias
a la optimización de los recursos productivos.
La dieta MET y los peligros relacionados con las grasas trans
Nueva York es una de las ciudades más influyentes del mundo,
como Londres, París, Tokio, Bombay, Moscú o Shangai. Esto quiere
decir que cualquier iniciativa que surge en estas ciudades se
extiende rápidamente por todo el planeta.
Las autoridades sanitarias de Nueva York han sido las primeras
en tomar medidas en el asunto y empezar a cambiar el panorama
nutricional imperante. Desde que la Food and Drug Administration,
organismo regulador sanitario en Estados Unidos, aprobó el uso
de las grasas trans en los productos alimentarios, la población
norteamericana ha experimentado un ? notable aumento en la incidencia
de enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud asociados
a estos nutrientes. Para frenar esta situación, la ciudad de Nueva
York ha prohibido los alimentos que contengan estas grasas. El
proyecto de ley ya está aprobado y entrará en vigor en julio de
2008.
El detonante de esta iniciativa fue una prueba científica que
revela la relación entre las grasas trans y las cardiopatías,
el cáncer, la diabetes, las disfunciones inmunológicas y reproductoras
y la obesidad. Estas sustancias nocivas elevan los niveles de
LDL (colesterol malo) y reducen los de HDL (colesterol bueno).
Asimismo, incrementan la inflamación e inhiben la producción de
ácidos grasos esenciales, especialmente aquellos que nutren el
corazón y el cerebro. De hecho, se les atribuyen más de 30.000
muertes prematuras y hasta la comunidad científica ha empezado
a referirse a ellos como “el mayor desastre de los alimentos procesados
de la historia de los Estados Unidos de América”.
Las empresas añaden un átomo de hidrógeno a cada molécula de
grasa insaturada para perdurar el buen estado de los alimentos,
de modo que le confiere un estado sólido a temperatura ambiente
(y no líquido, como sería lo normal) y una configuración bioquímica
que el organismo no puede digerir tan fácilmente. En resumidas
cuentas, las grasas insaturadas se convierten en grasas saturadas,
así que se acumulan en las paredes arteriales y hasta pueden llegar
a obstruirlas a largo plazo, provocando infartos de miocardio
por insuficiencia circulatoria. Como hemos dicho, las grasas trans
se concentran en la margarina, el pan blanco, la manteca de origen
vegetal, la bollería industrial, las galletas saladas, las patatas
fritas de bolsa, los pasteles y las tartas y los alimentos fritos
en grasas hidrogenadas, ya sea pollo, pescado o patatas.
Numerosas compañías del sector alimentario ofrecen alternativ
?as bajas en grasa que contienen grasas trans y que, en
ocasiones, son mucho más dañinas que otros productos con un mayor
contenido en lípidos. Los estudios realizados en la Harvard School
of Public Health mostraron que las personas que consumen muchos
productos ricos en grasas hidrogenadas (comida rápida, preparada
o enlatada) triplican el riesgo de desarrollar enfermedades coronarias
en comparación con quienes casi los han anulado. Hasta la Organización
Mundial de la Salud (OMS) ha alertado a la población sobre los
peligros de las grasas trans y sus alarmantes efectos sobre el
corazón.
Leed atentamente las etiquetas de los productos que queráis comprar
y preguntad todo lo que necesitéis saber a la persona encargada
de atenderos, ya sea en un supermercado o en un restaurante. Recordad
que es por vuestra salud. Incluid en la dieta grasas buenas, como
el aceite de semillas de lino, los aguacates, los frutos secos.
Así reduciréis los niveles de triglicéridos (grasas almacenadas)
y mejoraréis la sensibilidad a la insulina.
Como habéis podido comprobar, la Dieta MET no pretende eliminar
de vuestra alimentación todas las grasas. Tan sólo quiere enseñaros
a elegir el tipo adecuado y evitar a toda costa aquellas variedades
que pueden dañar vuestra salud y empeorar vuestra silueta. No
os lo penséis más y seguid el Programa MET.
Para evitar las grasas trans
* Aliñad las ensaladas con un chorro de aceite de oliva virgen
y utilizad el aceite de coco para freír los alimentos.
* Evitad el consumo de margarina o, como mínimo, utilizad la
marca que no contenga grasas tipo trans o que sean más líquidas
(no olvidéis que las grasas hidrogenadas solidifican los alimentos).
La margarina en forma de tableta presenta 1,9 gramos de grasas
trans, mientras que una cucharada sopera de margarina blanda sólo
contiene 0,8. No dejéis de leer las etiquetas con la informació
?n nutricional.
* Alejaos al máximo posible de los alimentos fritos. Debéis tratarlos
como si se tratara de una plaga. La mayoría de restaurantes incluye
este tipo de comidas, sobre todo en los entrantes. Es el caso
de las patatas chips, los aros de cebolla, el marisco,
el pescado y el pollo fritos. Si pensáis consumirlos a diario,
no importará que os arranquéis el corazón y lo friáis, porque
no lo necesitaréis durante mucho más tiempo.
* Tachad también de vuestra lista de la compra los alimentos,
que especifiquen que contienen aceite o grasas parcialmente hidrogenadas.
Cuanto más aparezca esta expresión en las etiquetas con la información
nutricional, más grasas trans tendrá el producto. ¿Sabíais que
la mitad de las grasas de una galleta son hidrogenadas? De hecho,
un donut contiene entre cuatro y nueve gramos de estos
lípidos, así que imaginaos los que están rellenos de chocolate
o crema o los que están cubiertos de azúcar glas. ¿Y por qué debéis
evitarlas? Por el mismo motivo por el que no deberíais apuntaros
en la sien con una pistola. Lo importante es vivir bien y mucho,
algo que no conseguiréis si engordáis en exceso y acabáis teniendo
una barriga que no sólo no os deja ver los pies sino que aumenta
el riesgo de padecer un ataque al corazón. Si queréis cuidar vuestra
salud, sed proactivos y no toméis grasas trans; y haced todo lo
posible por que vuestros amigos y vuestra familia dejen de consumirlas.
Para ganar el juego de la pérdida de grasa,
tenéis que eliminar los alimentos nocivos de vuestra dieta. Para
acelerar el metabolismo, dejar de sentiros pesados y amodorrados
y evitar enfermedades es preciso que sigáis un estilo de vida
sano y equilibrado y que sólo consumáis alimentos saludables,
que os revitalicen y os llenen de energía. No os apartéis del
Programa MET y su dieta y lo conseguiréis.
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