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Programa de Entrenamiento de Máxima Eficacia
(MET)
“No importa de dónde vienes, ni adónde vas, ni qué coche conduces, sino qué te apasiona. No se trata de lo que llevas puesto, sino de lo que hay dentro de ti. No es lo que piensas, sino lo que sabes.”, anuncio de Gatorade.
No paran de llegarme cartas y mensajes sobre la grasa que debemos incluir en la dieta. Muchos de los que dicen llamarse expertos sostienen que debemos excluir los lípidos de nuestra alimentación si queremos perder peso en lugar de convertirnos en bolas de sebo. Pero, ¿qué relación hay entre la grasa y la obesidad? ¿De verdad creéis que toda, absolutamente toda la grasa se almacena en el cuerpo en forma de tejido adiposo?
Que os quede clara una cosa: los lípidos pueden contribuir a que engordéis, pero también pueden ayudaros a perder peso. Tan sólo depende del tipo y de la proporción que consumáis.
Hoy en día, sabemos que la ingesta de ácidos grasos omega 3 activa la lipólisis, no el acopio de grasa, y reduce el riesgo de padecer un gran número de enfermedades. Abundan en alimentos como el pescado graso (salmón, trucha, caballa, atún, sardinas), las semillas y el aceite de lino, las nueces, las semillas de cáñamo, el aceite de oliva y la verdura madura de hoja verde, alimentos que deberían formar parte indiscutible de vuestra dieta.
Por desgracia, hay otras grasas que producen justo el efecto contrario. Muchas personas aún no son conscientes de que el consumo excesivo de omega 6 constituye un enorme peligro para la salud. Sin ir más lejos, varios análisis concluyen que el exceso de ácidos insaturados omega 6 motiva la aparición de hipotiroidismo y ralentizan el ritmo metabólico. Pero, ¿por qué rebasamos la cantidad máxima recomendada? Para empezar, gran parte de las carnes que compramos habitualmente no proceden de reses alimentadas con hierba fresca, como las que criaban nuestros antepasados. Hoy en día, al menos en Norteamérica, casi todos los animales comen productos artificiales que disparan las concentraciones de omega 6. Pero ahí no acaba todo: los estudios demuestran que el consumo diario de productos cárnicos procedente de animales que han visto alterada su dieta natural por la incorporación de los piensos y que son criados en grandes instalaciones ganaderas, suelen engordar en exceso y rebosan grasas saturadas, colesterol y calorías, características que contrastan con su escaso contenido en vitaminas E y C, betacaroteno y ácidos grasos omega 3.
Las grasas omega 6 también se encuentran en todo tipo de aceites vegetales, como el de maíz o girasol, la soja, los frutos secos (excepto la nuez) y los cereales, entre otros. Lo ideal sería consumir la misma cantidad de omega 6 que de omega 3 o, como mucho, el doble del primero que del segundo (proporción 2:1), pero no más. Actualmente, esta relación varía entre 20:1 y 50:1. Los especialistas asocian este incremento descontrolado y desproporcionado al aumento de la incidencia de cáncer, infarto de miocardio, depresión, envejecimiento prematuro, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, enfermedad de Alzheimer, diabetes y obesidad. Lo ideal para nutrir el organismo con el óptimo aporte de ácidos grasos esenciales es comer mucha verdura y alguno de los alimentos ricos en ácido linolénico o omega 3 recordad que éste se divide en otros dos subtipos, el ácido eicosapentanoico y docosahexanoico, que se reconocen con las siglas EPA y DHA respectivamente que hemos citado párrafos atrás. En la medida de lo posible, comprad carne de animales criados con pastos y pescado capturado en estado salvaje.
Los ácidos grasos omega 3 son vitales para nuestra salud y, como ayudan a controlar los procesos metabólicos, combaten el exceso de grasa corporal, justo lo contrario de lo que hacen los tipos de grasa cuya ingesta hay que limitar o incluso anular.
¿Cómo es posible que una persona pueda deshacerse del tejido adiposo alimentándose de algunas grasas, como el aceite de pescado rico en omega 3? Resulta que estos lípidos impiden que las células normales se conviertan en células grasas, más conocidas como lipocitos, y, al mismo tiempo, reducen las dimensiones y la capacidad de las que ya lo son.
Ahora que ya conocéis la superioridad de ácidos grasos poliinsaturados omega 6 frente a la modesta cantidad de omega 3, se hace evidente el dilema a la hora de perder peso y la necesidad de invertir las proporciones que consumís habitualmente para alcanzar vuestros objetivos lipolíticos.
Incrementar la cantidad de omega 3 para equilibrar las proporciones entre estos y los ácidos grasos omega 6 no sólo contribuirá a perder grasa con la máxima eficacia, sino que también ayudará a prevenir cardiopatías, hipertensión y ciertos tipos de cáncer. Asimismo, los omega 3 que abundan en el lino y el pescado salvaje, disminuyen la inflamación y alivian los síntomas asociados a los procesos inflamatorios. Como apunte especial, los aceites vegetales, cuya ingesta máxima recomendada acostumbramos a rebasar, son ricos en ácidos grasos omega 6 y, por lo tanto, son altamente inflamatorios.
Frente a la pregunta inicial de si las grasas son buenas o malas para perder tejido adiposo, existen dos respuestas posibles. Si nos alimentamos como lo hacemos normalmente, no tendremos más remedio que reconocer que los lípidos son perjudiciales para el organismo y que en absoluto contribuyen a deshacerse de esos kilos de más. Para impedir que esto suceda tendríamos que invertir la proporción de omega 6 y omega 3 y estabilizarlos para potenciar el efecto lipolítico de estos últimos. Si queréis saber más sobre este asunto, leed el libro electrónico de Venice Beach. (Nota del editor: este libro aún no está disponible en Europa, pero pronto podréis disfrutar de él). Aparte de los ácidos grasos poliinsaturados omega 3, no olvidéis tomar UDA+ Protein para seguir ganando masa y tamaño muscular. Es uno de los suplementos proteicos más recomendados, porque está elaborado con proteínas procedentes de ganado que no ha pastado en campos rociados con pesticidas y al que no se ha administrado hormonas rBGH ni BST. Sin ninguna duda, UDA+ os proporcionará todo lo que necesitáis para perder grasa, ganar músculo y acelerar el proceso de recuperación.
Aquí tenéis una lista con otros de los muchos beneficios de los ácidos grasos omega 3 y algunas diferencias entre estos y los omega 6
Los ácidos omega 3 son antiinflamatorios, mientras que los omega 6 aumentan la inflamación.
Los ácidos omega 3 son antitrombóticos, mientras que los omega 6 incrementan la coagulación sanguínea.
Los ácidos omega 3 no son inmunoreactivos, mientras que los omega 6 sí lo son.
Los ácidos omega 3 ayudan a prevenir la hipertensión y reducen el ritmo al que el hígado produce triglicéridos.
Los ácidos omega 3 son beneficiosos para la gente con artritis reumatoide.
Los ácidos omega 3 pueden revertir la aterosclerosis y frenan el desarrollo del asma.
Los ácidos omega 3 parecen limitar la reacción inflamatoria relacionada con el lupus o estrés crónico.
Los ácidos omega 3 reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Los ácidos omega 3 controlan el estreñimiento y los trastornos diverticulares.
Los ácidos omega 3 ayudan a rebajar la incidencia de cáncer de mama, colon y próstata.
Los ácidos omega 3 disminuyen el riesgo de depresión y tienen un impacto positivo en el tratamiento de personas que presentan esta enfermedad.
Los ácidos omega 3 son beneficiosos para el desarrollo cerebral y, al parecer, esquiva enfermedades degenerativas como la de Alzheimer.
Los ácidos omega 3 son muy saludables para pacientes con trastornos bipolares o esquizofrenia.
La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa
Se trata de dos enfermedades intestinales de alto riesgo que cursan con una inflamación acusada del tracto digestivo, pero que, según los especialistas, pueden perder gravedad con el consumo regular de alimentos ricos en ácidos grasos omega 3, como el pescado (esto no quiere decir que se llegue a la curación absoluta sólo a partir de estas directrices nutricionales).
Nota especial: Consultad a vuestro médico de cabecera en caso de embarazo, problemas de salud o si, simplemente, desconocéis las propiedades del ácido linolénico. Si queréis aumentar el aporte de ácido eicosapentanoico y docosahexanoico, aseguraos de escoger pescado de buena calidad, con un contenido en mercurio muy bajo y sin PCB’s u otras toxinas, antibióticos, pesticidas, colorantes sintéticos, hormonas del crecimiento, GMO’s y todas las sustancias que se describen en el libro electrónico de Venice Beach.
Los batidos de fruta ¿La opción más sana y refrescante para los culturistas? No estéis tan seguros
Los batidos de frutas están a la orden del día. Todo el mundo los toma y se venden en cualquier establecimiento alimentario que os podáis imaginar. Teniendo en cuenta toda la fruta que contienen, lo más lógico sería pensar que no hay nada mejor que los batidos para tomarse un capricho sin dañar la salud o frenar los progresos físicos. No obstante, todas las propiedades saludables de la fruta, además de sus múltiples nutrientes, como la vitamina C (entre otras), ácido fólico, fibra y otro buen puñado de fitonutrientes, se pierden durante el proceso de elaboración.
Y para empeorar las cosas, la cantidad de azúcar que se incorpora a la mezcla es demasiado elevada. Los batidos de yogur prebiótico y grosella negra contienen 14,2 gramos por cada 100 mililitros y los de frutas del bosque alcanzan los 11,8 gramos, aunque los batidos de plátano y los de piña, mango y plátano son los más azucarados, incluso más que algunos refrescos.
Algunos de los batidos que más suelen utilizar los culturistas para ganar músculo contienen más de 50 gramos de azúcar que, aunque sea moreno, sigue siendo una cantidad excesiva que os hará engordar. No seáis tontos y preguntad antes de comprar, como buenos consumidores. Tened en cuenta que la mayoría de los fabricantes de estos productos no quiere que la gente sepa el aporte glúcido que contienen realmente sus batidos. Casi todos los establecimientos que venden estas bebidas tienen carteles que especifican las grasas y las proteínas de cada producto, pero nunca ofrecen al consumidor información sobre el contenido de azúcar.
De hecho, muchos batidos no son más que azúcar, por no hablar de aquellos que, encima, llevan jarabe de maíz rico en fructosa. De acuerdo con los datos de la empresa AOL Health, los norteamericanos se gastan unos seis millones de dólares en el consumo de estos batidos llenos de azúcar, grasas y calorías que, a menudo, se venden en vasos de medidas gigantescas. El año pasado sin ir más lejos, gastaron una media de 134 millones de dólares en 35.000.000 litros de batido con los que podrían haberse llenado 180.000 bañeras hasta el borde. La doctora Jacquie Lavin, nutricionista de Slimming World, dijo que “para perder peso, es recomendable comer fruta cruda para aprovechar todas sus propiedades, incluidas las saciantes.”
Nunca sabréis qué lleva una bebida a menos que la elaboréis vosotros mismos o alguien que conozcáis. Bebed batidos proteicos caseros, hechos con fruta de bajo índice glucémico, como los arándanos o las frambuesas, y grasas buenas procedentes de las nueces, el lino o el aceite de coco. Asimismo, añadid a la mezcla una dosis de UDA+ Protein para garantizar la óptima ingesta de proteínas y nutrientes esenciales. Aparte de eso, tomad agua con unas gotas de limón o lima a lo largo del día, o bien algún que otro vaso de té verde helado para impulsar la lipólisis. Si queréis endulzar vuestras bebidas, acordaos de utilizar edulcorantes de bajo índice glucémico.
“Hay personas que viven en un mundo de sueños, algunas otras que enfrentan la realidad. Y luego están aquellas que transforman los sueños en realidad.” Douglas Everett
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